
Se puede correr (se corre) con escuadra y cartabón, controlando el tiempo, los kilómetros, las pisadas y los recorridos o no. No obstante, a veces hay espacio para la aventura urbana, el descubrimiento, la sorpresa, la angustia o la alegría. Poco te puede pasar en el fondo aparte de perderte y volver sobre tus pasos. Peor sería un accidente o un que un perro te muerda.
Después del ejercicio, recorrí la zona que hubiera tenido que recorrer naturalmente: el magnífico jardín inclinado delante del Belvedere con su rectángulo de casi un kilómetro de diámetro. Allí hombres y mujeres corren bien equipados (demasiado) mientras los turistas hacen sus fotos delante de las esfinges de cuerpo de león y caras como operadas. Mi destino era el Danubio y así lo busqué en línea recta directa desde donde me alojaba. Las sensaciones eran las mismas que en Graz pero esta vez el recorrido es netamente urbano Paso junto al mercado que demuestra que Austria no es Alemania y después por las calles que rodean la catedral de San Esteban. Allí aparece el gran río, el río de Magris que después encontré en Budapest y en Ulm y antes había visto en Rumanía. Emprendo el camino por una de sus márgenes desoladas. Nadie estaba allí, ni paseantes ni ciclistas ni corredores. Sólo los grandes barcos sobre la negra superficie.
Paso delante del Búho Verde (escrito así, en castellano), un bar típico de ríos y turistas (Traumhafte Stimmung, ideal zum Entspannen). Ellos me miran pasar pero después siento como si clavaran sus ojos detrás mío, como si me vigilaran porque no había respetado un sitio al que no me habían invitado. Aprensiones plomizas en la mañana desordenada. En el Belvedere miro la esfinge y dedico tres minutos a abismarme en los insondables misterios de la existencia hasta que el apetito me despierta. Hace mucho frío en la mañana imperial.
Viena.15-10-05
8.11.08
El búho verde. Viena
30.10.08
La luz del eclipse.Graz

Vuelta a Graz después de dos años. El mismo río Mur y la ciudad consolidada en sus nuevos monumentos después de la capitalidad cultural de Europa. Aún parece que lo quieran seguir siendo para figurar en el llamado entorno global. Dignidad del afluente del Danubio, de aguas negras y perfectas calzadas para correr. Mañana fría pero despejada y el ritmo recuperado después de mucho tiempo. El otoño anunciándose por fin. El recorrido repetido (y recordado) hasta pasar el bar junto al primer campo. El ritmo concentrado aún siendo muy pronto. Algunos corren, la mayoría va en bicicleta. Muchos no tocan el manillar. Velocidad del bienestar. De repente la niebla, la niebla del río, la niebla de Ulm y la luz del eclipse, la luz de las campiñas del pintor inglés. El raro silencio y la soledad plena al fin. El corazón vuelto a los ritmos del esfuerzo y la concentración. Un raro espejismo y la vuelta, otra vez la niebla del río Mur, el bar en el inicio de los campos, la calle marcada por las bicicletas y el tráfico respetuoso. El retorno a la humedad del otoño.El retorno al centro de Europa.
Graz- 13.10.05
20.10.08
El idilio. Paxos-Antipaxos

Cuando llega el idilio, porque el idilio nunca se alcanza, simplemente llega, se sabe que es tan efímero, que pasa y al instante no te das cuenta sino después, a veces mucho después. Por eso es tan importante captarlo y decirlo (o escribirlo) y saborearlo en su débil duración. Como ocurre cuando su forma es alcanzable, y los kilómetros se suceden con total facilidad, que los minutos caen mientras el cuerpo está fuerte, despierto, poderoso. En Paxos las piernas y las lumbares continúan débiles ante el atracón de postal mediterránea, de verdadero recuerdo durrelliano, Próspero mediante, de pinos, cipreses, encinas y demás, del azul turquesa y de todas las obviedades turísticas y ante el primer viento fresco que canta el fin del verano y el inicio de la temporada real, del frío y de la luz escasa.
Las ovejas cruzan el camino hacia Gaios. Gallos y gallinas son parte inconmovible del paisaje privado de las casas, como los gatos, los olivos y las barcas en secano, dispuestas orgullosas en cada porche. Pocas cosas se construyen en el camino ondulado y polvoriento, de cuestas y descensos. Lo importante estaba fuera del camino y del esfuerzo. Y fue un austríaco y una sueca quienes lo vieron. Quedo para siempre agradecido, Gert y Anne-Marie.
Paxos-Antipaxos. Grecia. 25-09-05
10.10.08
La lentitud de los parques (en reconstrucción). Atenas

Le doy la vuelta a un título que siempre me había hecho gracia: La velocidad de los jardines. Lo tomo semiprestado porque aunque no he leído el libro siempre me ha hecho gracia. También podía haber dicho “Todos los parques, el parque” pero el otro me suena más en liza con las modas tituladoras. El parque de Pedion Areos representa una considerable extensión de terreno sin restos arqueológicos apreciables en pleno centro de la otra ciudad maratoniana, que es Atenas. Es un pastiche de diversos “ambientes” cercenado por unas obras que amenazan la eternidad. Lo que vi fue exactamente medio parque. Allí los espacios infantiles están lejos de la amplia pineda para defecaciones y corridas caninas, la entrada pretendidamente grandilocuente convive con sitios con cierto encanto y la plaza central es como una extensión de una pista de skaters por la cantidad de cemento invertida. Ese estilo soviético tuvo realmente momentos expansionistas. Así como el parque no tiene nada realmente especial, el paisanaje observado después de tres vueltas es la muestra de la diversidad tópica esperable. Los viejos de las nudosas manos matan pitos dobles observados por las viejas de negro sentadas bajo el olivo mientras los jóvenes intentan improbables acrobacias “parcour”. Un militar baja la basura del cuartel. El patriarca que habla por el móvil se cruza con los señores maduros que flirtean con otros señores maduros. Padres y madres vigilan en los cotos infantiles a sus hijos. Los albanos, rumanos, pakistaníes y bangladeshís hablan en sus bancos tranquilamente.o ven la tarde pasar. Entablo conversación con otro corredor que en un esforzado francés me indica un posible itinerario.Cuento un total de 4 personas corriendo, récord a la baja a las 18.00 en cualquier parque del mundo occidental. En el día de huelga general nacional, el parque es lo que siempre ha aspirado a ser, un remanso donde se cuela el tiempo. No he visto ninguna pareja en ningún banco haciendo lo que se espera con las hormonas revoltosas. No hay en el parque más emoción que la noche que caerá. Me pregunto como Tolstoi si la tranquilidad es una bajeza moral mientras vuelvo rendido, cautivo y desarmado hacia el hotel.
Albania desde las villas

Pronúnciese villas a la inglesa, la casi f al principio y la ll como la bella italiana con el acento cargado en una a más abierta. Subiendo y bajando sobre la ciudad de Kalami, el pueblo desde donde Lawrence Durrell se inventó la mítica corfuota, las villas eran el elemento fuerte del paisaje: olvidémonos de los cipreses, de los pinos y de los olivos entreverados con los lentiscos y las especies del sotobosque, olvidémonos del limpio aire y de las fragancias de la vegetación que eran bien ciertas. Desde las villas, pero también desde la costa o desde el camino sudoroso, las únicas vistas son las de la costa de Albania, el país más pobre de Europa.
Las gotas caen como plomo. No se oye ni la chicharra. Las piernas se endurecen y el ritmo se lentifica. Llega la carretera general a un grupo de casas. Ahora no son villas sino casas pequeñas, mal diseñadas y peor construidas. Grecia tiene las plantas mejor cuidadas del mundo que conozco. Estos jardineros caseros son expertos en ubicar cualquier tipo de recipiente para que crezca el verde en medio de la precariedad. Hay un aviso en un poste. Es una esquela prendida con grapas. El siguiente poste no tiene esquela sino muchísimas grapas, algunas oxidadas. Sigo corriendo cuesta abajo, la hinchazón de las piernas baja, los latidos se acompasan, siguen las lumbares fastidiadas. Llego a las playas desde donde partí, estiro y pienso que Durrell tuvo suerte. Mientras me como el reparador bocadillo de mortadela, un batallón de squads queda aparcado, casi mecido por las olas, a la sombra de una villa costera.
Corfú, 21-09-05
28.9.08
Loco, una inspiración. Tres Turons. Barcelona
Pues para quien no lo haya leído, a la izquierda de este blog, al final, hay un texto de un señor uruguayo, Marciano Durán, que es quien aparece en la derecha de la imagen, y que hace algo así como una especie de monólogos que publica en libros que son superventas en su "paisito" y que te hacen reir y a la vez te hacen pensar (y recordar, que es otra forma del pensamiento) aunque él diga que es humor uruguayo. Corre por ahí un texto suyo atribuido a Eduardo Galeano, desechando lo desechable, que es una mezcla entre nostalgia y mala baba que quitaba el frío de la tarde-noche barcelonesa en que lo presentaba en la Asociación de Uruguayos de Catalunya y era capaz de poner las pilas suficientes para afrontar la carrera del día siguiente, el II Cross Tres Turons. Muy pocos corredores, vistas excelentes, y la misma historia que el año pasado, poco más o menos.
Prometí que juntaría un hecho y otro, la conferencia y la carrera, y acaso intentar alguna relación, algún merodeo irónico. Nada de nada. Es dominlunes, como por lo visto dicen los uruguayos (o acaso es una broma), esto es, domingo por la tarde y hay que afrontar la semana, que esta vez será a escasos metros de donde la presentación, para hablar de interculturalidad, cultura y museos. Ayer me despedía con el aroma feroz del asado austral y ahora me espera la pizza, nuestra particular hostia dominical. Ayer estaba en Uruguay, hoy en mis montañas, mañana en medio del cansancio europeo.
El curso ha empezado definitivamente mejor que otros, aunque yo mismo no me lo crea.
20.9.08
El Agua

Meo (orino). Bebo en casa y salgo. Saludo a las nubes. Transpiro(rae: exudar a través del tegumento). Ingiero en la fuente. Sudo (rae: empapar en sudor, destilar agua a través de los poros). Piso un charco. Vuelvo a beber en la fuente. Sudo mucho más. Empapo la ropa que meto en la lavadora. Bebo una bebida isotónica mientras estiro. Caen gotas de mi clareante cabeza sobre mis pies húmedos. Caen cuatro gotas desde el cielo. Me ducho. Bebo café, leche y zumo de naranja. Hablo y ensalivo. Salgo a la calle. Evoco (¡qué horror de palabra!) la canción de Steely Dan:
I'm going insane
laughing in the frozen rain
I'm so alone,
When they gonna send me home?
El cole ya empezó. La mañana es un estado de ánimo errante y otro fluyente.
Donald Fagen, pianista y cantante del vídeo, parece un Stevie Wonder barbudo, blanco y judío sin quererlo. Walter Becker, el guitarrista, un violinista reciclado.
Se vuelven locos y se ríen en la fría lluvia. Nunca lo hubiera dicho. Sé que sudan y se ríen. Es el otoño.
14.9.08
Vuelvo al sur.Llego al sur
Eso decía la dulce voz aflamencada en la canción de regreso a otro amor improbable y a la infancia eterna. Eso me decía cuando probé conscientemente la receta del sol en su más directa distancia, a la hora del fulgor. Entonces sí que me acongojaba y me cegaba, pero no de pasión. Correr a las tres de la tarde y 34 grados. Otro día eran las ocho y 31 grados, los más las diez y 29 grados.
Vuelvo al norte (?). Recorro la acostumbrada Ronda de Dalt y repito los ritos ceremoniales: el mismo trayecto, la hora habitual y los dispositivos tecnológicos preparados. Vuelvo al sur con la canción y a la hora extrema y a la sensación inaudita. Salgo de la Ronda por una curva de 180 grados. A sus lados conserva la vegetación urbana habitual, restos de serie de arbustos, media zarza, plásticos esparcidos. Allí he visto u oído la vida animal de la ciudad: ratas, gorriones, lagartijas, palomas, cucarachas y me he alegrado cada vez que los he descubierto. Jamás vi una liebre.
1.9.08
Imaginá que un día
Imaginá que un día te siguen la familia, los amigos y los compañeros de manera religiosa.
Imaginá que un día los cercanos, los vecinos, los allegados, los de oídas y los de rebote conocen
tu firme pluma, recio pensamiento y finas matizaciones.
Imaginá que un día desconocidos de tu ciudad te reconocen, que los ignorantes de ti hasta ayer se acercan y hablan.
Imaginá que después son las gentes de tu país y de tu lengua quienes están pendientes hasta del más mínimo detalle.
Imaginá que sos traducido a extrañas lenguas.
Imaginá que primero sos relevante, más tarde influyente y finalmente condicionante.
Imaginá que sos una celebridad global por el blog de tus ratos libres.
Imaginá, "cantar mal et porfiar en ello".
27.8.08
SORPASSO. Rocca d’Arsiè. Monteriggioni.
Circulo dando vueltas a un camino de tierra fuera del pueblo fortificado de Monteriggioni en el ferragosto canicular. Es ya el tercer castillo al que circunvalo en Italia: uno era lombardo en Milán y otro era normando en Sicilia. Este es sienés, “senese”. Dante, en la Divina Comedia, disfraza sus murallas en gigantes míticos. Uno de ellos, el simpatiquísimo Anteo, derrotado del gran Hércules. Días después hago lo propio en el norte en el lago de la Rocca d’Arsié, en el Véneto, en las estribaciones de las Dolomitas. Me obligo a correr y a oír a Tom Waits y su famosa “Mule” porque no quiero perder la comba de la modernidad de los cuarentones dominantes. Veo (oigo) que la mitad de las canciones las podría cantar o firmar Bruce Springteen: la cosa no es para tanto. Me adentro en un camino que rodea el lago absorto en los nuevos acordes. Descubro una vegetación vagamente diferente a la prepirenaica hasta que, llevado por los prestigiosos acordes, las ortigas me asaltan y mis canillas se erizan abruptamente. Vuelvo tras mis pasos raudo y localizo algo de U2. Huyo del desasosiego de los círculos y de los ataques sorpresa. El verano está en su intermezzo.

