4.2.08

Pisaje y paisanaje. Quito, Ecuador


Salgo hacia el parque de la Carolina. Llueve en el invierno de Quito. El invierno es la lluvia en el ecuador. Ya en la calle, a cada edificio el piso cambia como si el arquitecto quisiera prolongar los engendros construidos más allá de sus empujes verticales. Un tramito es de asfalto, otro de baldosas rotas, otro es directamente el recuerdo de una pista de patinaje. Vigilo los charcos con mis gafas empañadas y empiezo a circunvalar el circuito de la Carolina, anegado de manera regular cada 300 metros. Cuando reconozco los embalsitos alzo la vista y veo que con quien me cruzo, sea él o ella, me mira a los ojos, en catalán dicen de “fit a fit”, sin escrúpulos. Los policías que entrenan en las pistas o en una especie de minihipódromo que hay en el parque, no.
Los eucaliptos, que después vi multiplicados en el camino hacia Otavalo despiden su aroma a chicle de clorofila de manera bárbara (pronúnciese la á tónica como los estadounidenses lo hacen con la palabra bar).Se confunde el olor con el perfume matinal excesivo de otros. Adelanto a dos mujeres con paraguas largos, italianos sin duda sin duda y ahora plegados, pero rítmicos en su acompañamiento. Es posible que la altitud me esté subiendo las pulsaciones.
El día siguiente es claro. El parque se llena esta vez de practicantes deportivos. Aparte de las réplicas personales multiplicadas en género, edad y ritmo de la jornada anterior, veo zumbar a ecuatorianos de aspiraciones atléticas y rostros desencajados y me espanto de mi lentitud. Está claro que no es un problema de pulsaciones ni del mojado invierno quiteño. Tampoco el suelo o la temprana hora tienen la culpa. Cada vez estoy más persuadido que es un problema de alimentación.

4 comentarios:

Jaime dijo...

Que suerte tienes de poder visitar y correr por tantos lugares del mundo.

Conozco el lugar por donde corriste en Copenhague. Yo hice el trayecto desde la plaza del Ayuntamiento hasta el Dyrehaven, un parque grandísimo que hay en Hellerup. Siguiendo el camino del mar todo el rato y con mucho frío.

Para volver cogí el tren pues no podía seguir por la nevada que caía.

juan pedregosa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
juan pedregosa dijo...

Me parece que ya es el segundo trayecto que hemos coincidido en tiempos diferentes,claro. En todo caso, hace musho musho frío.
Eso de que es una suerte lo de viajar, es un poco relativo. Digamos que se trata de hacer de la necesidad, virtud más bien.

Anónimo dijo...

Muy bueno, directo y eficaz, transmitiendo... y sin caer en la tentación fácil de la foto, lo que tiene su mérito

Ignasi