30.1.07

LOS TONIS

Baja Antonio, al que había visto correr hace un par de años, con el pájaro en la jaula envuelta en la tela de cuadros, el paso fuerte, un poco arqueadas las piernas y el centro de gravedad bajo. Se dirige hacia el lugar de reunión de los que se drogaban o se reían juntos y ahora lo siguen haciendo todavía. Comparten la calle y el lugar para escupir con otros más jóvenes y que ya dejan de serlo. Antonio fue siempre carne de bar. Nosotros lo conocimos porque quería jugar con nuestras bolas en las máquinas de millón y porque ya iba solo por ahí, desenvuelto y hablando por los codos. Antoni bajó justo detrás de él. Las gafas de pasta cuadrada, las zapatillas blancas J'Hayber. Parece que se dirige al centro donde han hecho castells o disparado con trabucos o quemado con petardos a sus convecinos y convecinas en las fiestas populares. Esto es, los diables. Antoni viene de su casa, muy cerca. A él no lo conocí cuando los bares de Antonio sino en las reuniones de las asociaciones, eso que llaman la trama de la sociedad civil. Antoni siempre ha vivido con sus padres, pero nunca sabrás de donde sale Antonio, que es padre doble o triple. No sé si él sabe realmente cuántos hijo tiene. Son elucubraciones mías. Aún y así y por más que me esfuerzo, no veo a Antoni corriendo. Tampoco me veía a Antonio.

1 comentario:

juan pedregosa dijo...

Nota a pie de página

Mientras mantengo una entrevista con el jefe de una empresa de consultoría de Barcelona, veo pasar delante de la pecera donde estábamos, a uno de los dos Tonis: tremendo impacto. ¿Cuál de ellos?