16.5.08

Barcelona ja no és bona o mi paseo solitario en primavera

Gil de Biedma escribía poemas en los Consejos de Administración de Tabacos de Filipinas, supongo que bajo las órdenes de aquel presidente del Espanyol, Manuel Meler, de eterno veguero. Salvando las distancias abismales y con el debido respeto, a mí me toca pergeñar esto que ves en reuniones cuyo contenido se resume en la nota a pie de página.

Corría hace dos domingos entre el matinal tránsito apagado, el cese del ruido y el movimiento amortiguado, y me dirigí hacia la Sagrada Familia, el más ilustre de los desprecios barceloneses, recolectando detalles en las esquinas, en los bares, en los carteles y en los árboles de lo que queda y de lo que ya no está: el bar del pariente lejano, el lúbrico cine de Virgen de Montserrat, el nombre perdido de los 15, el tranvía eléctrico y metálico que retumbaba sobre los adoquines.

Bajando hacia el templo el reconocimiento se transfigura por mor del brío colectivo, las referencias son entonces otras, mucho más cercanas pero ni tan nítidas ni, permíteme el adjetivo, tan evocadoras. La Barcelona de la cuadrícula, la que dice mantener a las otras barcelonas con su plaga de clases medias, es un territorio de paso profesional. Tiene el rictus congelado hace tiempo, desorientada.

En Gràcia ya sube claramente el porcentaje de ciudadanos y ciudadanas que llevan un diario pagado bajo el brazo o que lo leen a pesar de las tímidas gotas. Su norte, el norte de Gràcia, es la menestralia especular del Carmelo. El norte de Gràcia es la menestralia especular del paseo de Gràcia, aunque puede no ser así. Aún sigue siéndolo (la menestralia carmelí).

Hoy el recorrido ha sido muy diferente a los habituales pero todo había sido pisado antes. Empiezo a necesitar otros sitios .

Barcelona, 18-05-08


Nota del vocabulariorecogido en la reunión citada de 18:45 a 18:58 h.: youtube, slideshare, artículo descendiente, cápsula, twitter, wikipedia, indexar, contenido, contenido asociado, blog, navegación, caja de referencia, el padre y los hijos, profundidad 3, microtwitter, artículos relacionados, subartículos, flash, tipo, categoría, canal, tag, comunidad, estructura de información y me cansé.

10.5.08

De visita,como si dijéramos. Madrid



"De visita, como si dijéramos" es lo que hacía Carmen cuando iba a Roma a visitar a su hermano. Esto es lo que yo que hago cuando me pongo el pantalón corto y salgo entre las calles o entre los parques. Ocurre que a veces las visitas se repiten y entonces lo que hago es recorrer, como me pasó en el Buen Retiro el mes de abril. De eso iba a ir este texto,pero no va a ser así.

Aunque no lo parezca, aquí no hablo de mí, sino de ese que corre y esa fue la intención inicial del Túnel de Cristal. Últimamente ese estaba exhausto y por eso no escribía. Pero he aquí que en dos semanas recibo mensajes de sendos amigos donde sin sutilezas apelaban a mi vaguedad blogera. Mejor dos que cero, ¿no?

¡Ah, el público inmisericorde, la inmensa minoría que celebran los hipócritas y los henchidos de sí mismos!

¡Horreur, mamá, tengo un compromiso para con un público!

Grave responsabilidad que voy a atajar con una firme decisión que pongo por escrito: cada semana de aquí al mes de marzo del año que viene irá cayendo una breva actual o pasada para disfrute de los lectores, enseñanza a los legos, ilustración a los ignorantes, redención a los perdidos y conmiseración a los piadosos.

De visita, como si dijéramos, vaya, la inmensa legión de lectores seguirá siendo abrasada por el temple de mis cogitaciones leves.



Mayo 2008

24.2.08

El camino de los bivalvos. Punta Umbría. Huelva



Ha bajado la marea y deja un rastro de cárdenas conchas que enlosan la arena. Los esqueletos son pisados con celo. La línea corre paralela al agua y a la duna, en móvil simetría. El sol ha caído al fondo, abandonado tras la madera podrida del galeón del siglo XIV o XVI, recién aparecido. No hay nadie, no hay ni luz artificial en treinta minutos rapsódicos. La paralela es dibujada por la distancia entre la plenitud y el acecho oscuro del mar y de la noche. Un negro escalofrío alumbra la mezquindad autobiográfica. El miedo real y el gozo real van sepultando los cadáveres de los moluscos. Pasa el tiempo prestado cuando la luna sale entre tinieblas y se aproxima el final. Ha habido al inicio algún paseante, algunos pescadores acompañados de un perro, todos lejanos. Ha habido una mujer descalza andando en la orilla. Ha sido un día de una gratitud irremediable.


4.2.08

Pisaje y paisanaje. Quito, Ecuador


Salgo hacia el parque de la Carolina. Llueve en el invierno de Quito. El invierno es la lluvia en el ecuador. Ya en la calle, a cada edificio el piso cambia como si el arquitecto quisiera prolongar los engendros construidos más allá de sus empujes verticales. Un tramito es de asfalto, otro de baldosas rotas, otro es directamente el recuerdo de una pista de patinaje. Vigilo los charcos con mis gafas empañadas y empiezo a circunvalar el circuito de la Carolina, anegado de manera regular cada 300 metros. Cuando reconozco los embalsitos alzo la vista y veo que con quien me cruzo, sea él o ella, me mira a los ojos, en catalán dicen de “fit a fit”, sin escrúpulos. Los policías que entrenan en las pistas o en una especie de minihipódromo que hay en el parque, no.
Los eucaliptos, que después vi multiplicados en el camino hacia Otavalo despiden su aroma a chicle de clorofila de manera bárbara (pronúnciese la á tónica como los estadounidenses lo hacen con la palabra bar).Se confunde el olor con el perfume matinal excesivo de otros. Adelanto a dos mujeres con paraguas largos, italianos sin duda sin duda y ahora plegados, pero rítmicos en su acompañamiento. Es posible que la altitud me esté subiendo las pulsaciones.
El día siguiente es claro. El parque se llena esta vez de practicantes deportivos. Aparte de las réplicas personales multiplicadas en género, edad y ritmo de la jornada anterior, veo zumbar a ecuatorianos de aspiraciones atléticas y rostros desencajados y me espanto de mi lentitud. Está claro que no es un problema de pulsaciones ni del mojado invierno quiteño. Tampoco el suelo o la temprana hora tienen la culpa. Cada vez estoy más persuadido que es un problema de alimentación.

18.1.08

Tur. Oslo

Sostiene Per que los padres enseñan a andar rápido a los niños en Noruega para que no pasen frío, cosa razonable aún en tiempos de cambio climático. Sostiene también Per que los domingos los noruegos se van en familia a andar largas tiradas y que después, rendidos, se entregan a una opípara comida. Su amigo y compañero Markus, que es por lo visto más urbanita, dice que lo de Per es una rareza y que eso, a lo que llaman Tur, no lo hace nadie. Yo, a lo mío, rapidín a lo sumo por el margen del río Akerselva, que es ahora un canal ancho, limpio y bravito, habitado por patos y jalonado con cataratas. Antes era un pozo de polución y la divisoria social de la ciudad. Pudiera parecer que lo que se me iba a quedar de esta ciudad era alguna de sus alegrías naturales: este río, el fiordo o las montañas que le rodean.

El parque de las estatuas o Parque de Vigeland es el único parque inquietante que conozco por causas metafísicas. Bajo una luz dickensiana atravesé sus rectilineos senderos, coetáneo el parque al arte de los soviets y de los fascios, vigilado por estatuas y estatuas a tamaño natural de hombres,mujeres y niños desnudos. Más hombres que mujeres y más hombres juntos que hombres y mujeres juntos. El final es el medio, el centro: escaleras en círculo sobre el que se erige un falo de cuerpos en contoneo espiritual. Las estatuas nos quieren interrogar o ilustrar sobre la condición humana. La risita inicial es después un gélido rictus. Es mejor salir de allí, caminar rápido, cansarse.

16.1.08

Ufanías

Ufanía como epifanías. No tengo conexión y no puedo comprobar en el diccionario online si la palabra del título existe. Parece que sí puesto que no lo delata el corrector. Epifanía como ufanías. Eufónico y epifónico. Epifónico sí que es corregida. Online en cambio no.
Van Morrison. Después de no sé cuánto tiempo, Days Like This. Las letras se aclaran o se esclarecen como el amanecer en la ciudad. Habla o canta sobre las esperas de la amada en la tarde, de su oficio de letrista, de ser orgullosa y humildemente un escritor de letras, del amor y del desamparo y de más cosas que mi memoria de pez sepulta. Sigo los estribillos de todas las canciones y canto en alto. Tengo dolorida la rodilla, la espalda y el talón. No apoyo bien el pie. Corro más lento pero más feliz que nunca. Por fin descubro donde está la traducción del temple torero: en el deslizar de los pies armoniosamente con el propio ánimo, en la ausencia de balbuceo, en la fluidez del ritmo interior y exterior. “ I am on fire”, pero de manera diferente al cantante. Soy dichoso una vez detrás de mis auriculares. Lo peor o lo mejor es que no hay una relación causa efecto en esta transmudada comunicación o comunión íntima. Por suerte no se me ocurre repartir abrazos aunque me acuerde de los míos y de quienes importan, etc.
Para quien lo ha visto o experimentado, siempre es inquietante la entrada del padre o la madre a la meta de las carreras con sus retoños después de meses de sufrimiento consentido, rehenes del tiempo escatimado por no se sabe bien qué recompensa. No es eso, no. Hoy, justamente hoy, "I am on fire" por la fraternidad cósmica y por las eufonías, aunque las palabras no existan o no sean comprendidas. Un día es un día, un día como este.

1.1.08

Paradojas frías. Copenhague


Aunque ya habíamos estado, no me di cuenta de la cantidad de gente que corre, corre y corre a todas horas en Copenhague. Las roderas de los parques, los carriles bicis y las aceras están llenas de personas uniformadas en mallas y cortavientos fluorescentes que se cruzan con ciclistas a -2, -1, 0, 1 o 2 grados de temperatura. Hay tiendas especializadas a cada poco. Los y las daneses y danesas son rubios ( ninguna novedad) estilizados y practicantes genuinos. Fuimos por Hellerup a buscar el mar del Norte el día 31 de diciembre por la tarde. Entonces no había nadie: ni ciclistas ni corredores. Dos pringadetes contra el viento húmedo y racheado. No nos cruzamos en una hora más que con tres personas (eran morenas). Nos imaginamos que todos los practicantes estaban en su casa tirando cohetes e iniciando el largo camino hasta la resaca final. Después de nuestras uvas radiofónicas de postguerra, el paisaje del cielo y el de nuestros oídos era como una noche de San Juan coordinada brillantemente. Vimos todas las variedades de artificio a la misma altura y longitud visual de las 0.00 a la 1.00. Nos fuimos a dormir con la conciencia bien tranquila, en principio.

22.12.07

Las manadas. Barcelona


Este es un metapost: una explicación de lo que me hubiera gustado haber escrito sobre un tema recurrente, un tópico que se me ocurre de manera regular y sobre el que debería escribir o reflexionar o lo que sea. El tema son las hordas de guiris del Park Güell que circulan casualmente por el km mágico de muchos trotantes matutinos. Es en el momento en que quedo engullido por la masa de seres curiosos pero guiados, pienso que sería interesante hablar de la Barcelona real, del continuum turistificado actual, de las actitudes o las edades o las poses de los paseantes del Parc, Park o Parque (cuando era pequeño era el parquegüel). Cuando me siento no veo por donde enfocar el asunto, quizás las vestimentas, quizás la masificación, quizás los colores de la ropa, pero ninguno de ellos me crea un hilo claro. También me fijo en el paso cansino de unos o el interés auténtico de otros por las construcciones gaudinianas o el bosque mediterráneo reconstruido. Me acuerdo de que allí comía pipas, allá cazaba renacuajos, acullá aprendía a ir en bicicleta y entremedio los coches cruzaban el parque sucio, descuidado, espeso. Me desvío de lo que quería decir: los turistas como borregos individualizados o cualquier obviedad pseudoaguda de ese tipo y veo que no tengo más que decir, mon semblable, mon frère, grandísimo hipócrita.


18.12.07

A la izquierda, Bernini. Roma

Este a la izquierda es Bernini. A todo el mundo le suena tanto como Borromini. En tiempos eran una pareja popular y admirada en la Roma del barroco. Se dedicó a crear edificios y esculturas magníficas. Pintó su cara y vio la vida sobre ella. Yo había andado ese día cerca de San Juan de Letrán bien pronto. En la exposición romana dedicada al artista se citaba a Montaigne, el que se fue a su casa a pensar y a escribir y a vivir. Que se sepa ni uno ni otro se dedicaban a otra cosa que a sus pasiones. Y ambas les dieron conocimiento y serenidad.


Una perla de Montaigne:

"La muerte es el fin de nuestra carrera; el objeto necesario de nuestras miras: si nos causa horror, ¿cómo es posible dar siquiera un paso adelante sin fiebre ni tormentos?"

y la solución


"Soy partidario de que se trabaje y de que se prolonguen los oficios de la vida humana tanto como se pueda, y deseo que la muerte me encuentre plantando mis coles, pero sin temerla, y menos todavía siento dejar mi huerto defectuoso"

Y perlas como esta sin parar, con tranquilidad y simpleza: inteligibles como la cara de Bernini y el trazo del tiempo en su rostro concentrado y lejano, soñador como el propio Montaigne decía de sí mismo.

¿Qué coño hacen estos aquí me pregunto?

¿Justificar los momentos turismo del personal? ¿Justificar los momentos existenciales del personal? ¿Justificar los momentos pedantes del personal? ¿Justificar los momentos ensoñación estética del personal? ¿Justificar los momentos vergüenza ajena del personal? ¿Justificar los momentos ferozmente tranquilos del personal?¿Justificar los momentos los tengo ahí cerca y me dicen cosas y no tengo tiempo, ganas ni disposición de oírlos? Me gustaría hacer un panel de esos de votaciones para determinar la respuesta a la pregunta.

12.12.07

La joie de vivre. La Mina



El título es en francés pero el recorrido es por la Barceloneta y la Mar Bella hacia La Mina. La misma dirección que seguía el Camarón cuando acababa su concierto en el Palau de la Música y los gitanos le esperaban en bar "El Boquerón de Plata", en La Mina, a que les regalara un rato de fiesta y también de arrobamiento.
El mar se agita y los windsurfistas lo aprovechan. El sol pálido mece un leve viento o el pálido viento mece un leve sol. Soy saludado contra la costumbre por varios practicantes. Tengo a José Monje en los oídos y en las piernas. Me dolían el tobillo, la rodilla y los putos isquiotibiales derechos pero desde que he empezado no noto nada. El flamenco y hasta el flamenquito de algunas de las canciones me ensimisma y me encimisma. Intento recordar mientras corro algunos de los versos para incrustarlos aquí, pero mi memoria es como la de un octogenario. Es igual, son los tópicos de siempre: el dolor, la alegría, el amor. Hoy he corrido y me sentía inundado de un bienestar rítmico y canoro.
Ahora me hago preguntas retóricas: ¿Es esto que hago otra de las modalidades del hedonismo? ¿Haremos recuento de recorridos como quien recuerda sus vinos y licores, sus habanos o sus fazañas de dormitorio?
Y ahora la respuesta retórica: cuando era pequeño odiaba el flamenco, el olor del licor y el humo de tabaco de mis mayores de la misma manera que la cutrería que me rodeaba. Todo lo que detestaba antes hoy lo abrazo con pasión. Lo del correr, en cambio, es diferente.