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19.4.10

La lengua materna. Valenzuela. Córdoba



Bajo del Ave y dejo la maleta en el autobús de la Hureña que hace el trayecto Córdoba-Valenzuela como mi padre y mi abuelo hacían diariamente, mozos de cuerda en caminos y años polvorientos. Los pasajeros hablan la lengua de mi niñez, de mis padres y de los amigos que visitábamos en las barracas del Carmelo, en el negro Sabadell y en el salvaje Hospitalet, la lengua extraña y antigua que ya sólo oigo a mi abuela, la lengua materna con la que me dieron mi nombre: Juan José Pedregosa Sánchez. Río cuando lo veo escrito blanco sobre negro en letras capitales al día siguiente durante el paseo al pueblo: la casa de unos, la casa de otros, la iglesia, el antiguo cine, el cementerio, el calvario y los caminos que llevan lejos en el tiempo.

Repaso después las viejas fotos familiares y descubro cercano lo que antes era viejo. Encuentro una foto perdida: mi hermana sonriendo a cámara y mi hermano también riendo mientras que mi padre les mira feliz, los tres en el agua, en el río Burró. La foto es en color con los bordes redondeados y parece fuera de la época del resto, que son en blanco y negro. En el álbum se suceden las celebraciones y las caras sonrientes con la constancia de las ausencias: los que se fueron lejos o los que ya se fueron. Los que se quedaron, mi tío de ademanes tranquilos y mi tía de la voz clara, los suyos y los que vinieron después y que buscaron su futuro fuera son ahora las cuerdas que agarran la maleta en el viaje de vuelta. Vuelvo al Ave y miro la campiña cordobesa, líneas de olivos donde ha caído por la tarde agua de abril.

15.3.10

Doña Ceferina. Madrid.


Me imagino a mi madre interpretando los cantos y los bailes de las zarzuelas en el pueblo blanco, verde y gris de su infancia.El disfraz con cuatro trapos y tres flores bien puestas del coro de niñas y la maestra, doña Ceferina con los brazos cruzados, la alegría de la inocencia en un edén remoto, caluroso y seco.

- ¡Viva el alma juvenil!

Que probablemente oyó Josep Pla en sus años madrileños y qué bien que le hubieran venido para entenderles un poco, a los madrileños, cuyo gracejo reconocía bien ajeno y a quienes no acabada de entender, como a Galdós, con quien coincidó esos años, él en su juventud snob, el otro en su senectud de vieja gloria nacional en zapatillas.

- Por el humo se sabe donde está el fuego, del humo del cariño, nacen los celos.

Que habla de los años en que hubieran nacido los abuelos de los abuelos de don Benito (que era canario) y en los que Madrid era un hervidero de huríes, manolas y pollospera (pero no de chulapones) que iban al Retiro de francachela, a las máscaras, a verse y ser jóvenes.

- ¡Viva el alma juvenil!


Que cantaba el alegre pueblo de Madrid y que podrían haber cantado subidas en la tarima las niñas, debajo de Franquito y el crucifijo y que el alegre pueblo de Madrid tarareaba en la platea, con la música del autor catalán Vives, justo cuando Pla estaba por allí.

!Que viva¡

16.12.09

Qué mal, bien.

Pollolobo. Pollo del Moncayo. Lobo del Moncayo. Pollobobo. Locopollo. Polloboy. Lollipop. Pollolobo. Pollastre del Moncai...

¿Un pájaro, un avión, Superman?

¿Una letanía de supervivencia?

¿Paco Martínez Soria redivivo y su coro de alegres señoritas danzantes, en plan new age?

¿Es esto una pájara, resultado de no haber podido entrar en su museo (del sr. Martínez Soria) de Tarazona?

¿Es esto el resultado de su inmediata mitificación, su ascenso a los altares, al podio supremo de lo inalcanzable?

Todo fue un espejismo.

Recordad lo del flow, ese estado mental que dice que somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos abstraídos en una ocupación, después otra y después otra sin dejar de estar concentrados y sin dejar de estar atentos al entorno.

A San Luis Gonzaga, de niño, le preguntaron qué haría si se muriera inmediatamente y respondió que seguiría jugando. Eso es el flow. Eso fueron cuatro días en el Moncayo.

Eso era correr.


pd: Es un poco en clave, pero que valga para los iniciados

22.4.09

El churrero vocacional. Málaga-Bruselas



Volvemos al sur otra vez para mantener la memoria y también para intentar que quede fijada. Retengo la foto de familia que buscaba, sin blanco ni negro, llena del color de las tardes del sur. En aquella hubo nubes y un aguacero que limpió las calles, que las hizo más brillantes todavía que el parque de Málaga cuando lo riegan con meticulosidad cada mañana. Este es una ensenada de árboles con maneras de jardín botánico donde juegan los niños a subir al castillo de madera y sus padres les suben al burrito de metal y les hacen la foto como todas las familias de la ciudad han hecho los últimos 40 años. Allí encontré la foto sobreexpuesta a la luz.
“En secreto, escondo mis temores” y en público presento mis perplejidades ligeras.
Hoy he vuelto a otro parque, al de Bruselas, de rectángulos y triángulos masónicos, y lo veo por primera vez soleado y radiante, polvoriento casi. Siempre que vengo a la capital de Europa lo busco y esta vez he llegado a él par hasard. Volvimos a Málaga buscando al churrero de la esquina de la calle Merlo y él ya no estaba. Yo lo había visto, feliz con las jeringas y el aceite, los fines de semana después de su trabajo blue collar. No sabemos dónde fue pero sí que su vocación era bien firme, estirpe pura de Málaga.

13.4.09

VISTAS DESPEJADAS (2007-2009)

He recorrido parques a la tarde y a la mañana, puertos y playas, urbanizaciones y murallas, centros de ciudad y polígonos industriales. No me adentré por parajes inexplorados y si lo hice fue con aprensión y sin voluntad de ver, sólo huir. He visto la foto inversa de las industrias y los cementerios industriales olvidados simplemente unos años antes. He tenido la sensación de las mañanas extrañas en los países raros y la certidumbre de descubrir algo que, después de escrito, es solo recuerdo. Mero heroísmo urbano.

Han sido días de pequeñas exploraciones y pequeños descubrimientos. Correr es una posibilidad de experiencia estética: a pocos metros de donde estés siempre habrá un escenario móvil, con profundidad de caja y atrezzo natural y un presumible hallazgo visual o de otra índole. Correr es una palanca hacia otros tiempos de menos uniformidad natural, espacial y también mental. Necesitamos otros sitios, candidatos al desfile de lo bello y después al de lo manido aunque todo sea reconocible: las vacuas novedades y los restos de un pasado que empieza a ser lejano pero que sigue pesando lento, muerto, pobre y lo que es peor, equiparable.

Pero también hay veces en que el mundo es un pequeño lugar tranquilo, que sus restos son habitables, que hay gratitudes irremediables o que disfrutamos del regalo de la luz reparadora. El esfuerzo es un ejercicio de nostalgia, un seguro activador de los resortes de la evocación. Así, las mañanas son extrañas y son también estados de ánimos, unas veces errantes y otras veces fluyentes y las serenas o las muy serenas se apuran respirando fuerte. En la ciudad, con suerte, el sol pálido mece un leve viento o el pálido viento mece un leve sol.

Sólo quedan sensaciones sobreexpuestas. Los capítulos de gozo y de los momentos de nostalgia, del tanto tiempo perdido y del tanto tiempo aprendido. El cuerpo que se resiente. El recuerdo que se desvanece. La vida animal de la ciudad vista y oída. El renacer necesario. La corta vida de perro por gastar. Las geografías trastocadas en un mundo más corto aún.

Ha sido un ascensión a lo divino real. Todo ha sido rápido, extraño y amenazante.

18.1.09

El piso 26. Alicante



Desde allí arriba, contra el sol invernal del mediodía, veo parte del camino acabado de correr . Ha sido corto en espacio, no así en tiempo, gracias a una modelidad del autoflagelo a la que se llama series. Fueron ejecutadas (esa es la palabra) en una especie de epígono de parque junto al Barranco de las Ovejas. A la vuelta veo los ferris que parten hacia la isla de Tabarca, colonizada por ligures en la época de Carlos III. El tópico mediterráneo se cumple y la ciudad me trae a la mente Livorno (que a buen seguro ha sido genovesa) más que a las del sur y en parte a las griegas. Quizás hay menos heterogeneidad, bizarría, atropellos o el mal gusto que es muchas veces el desorden de estas riberas. Del mismo modo el puerto hurta a la ciudad el mar pero no la riqueza y su costura con ella lo separa más que le une, etc.
Sobre la ciudad se proyecta el castillo de Santa Bárbara en el monte de Benacantil, de tierras calcáreas, blancas, como todo el territorio que llega hasta Almería y que pone en su sitio la verdad de la aridez ambiente. Me creo entonces un emperador romano en su edad provecta (Marco Aurelio, Adriano, Augusto) que viera su imperio marítimo, todas sus ciudades y todas sus costas cansado y feliz, disfrutando del regalo de la luz reparadora.

21.12.08

Introspección II


A falta de andares o carreras y pasadas las gripes, otros estímulos rondan la imaginación. Falta muy poco para los días especialmente digestivos y sin viaje en lontananza hay otros recurso que suplen trotes lejanos. En este caso es el álbum de flickr Tipografía regional. Fantástico recorrido por más estéticas que se están yendo sin ser todavía pasto de erudición o de patrimonialización. El trabajo es sobre tipografías, aparentemente, pero es a su vez el inicio de una indagación sobre el paso del tiempo, el paso de las modas y el paso de las costumbres. Parece que en Pontevedra, donde estuve hace no tantos años en período de barbecho corredor, se conservan mejor las que ahora pueden considerarse las sempiternas esencias de la ciudad o los "genius locii" mejor que en otro sitios como la mía, donde su desaparición ha sido fomentada de manera sistemática. No obstante, ese regusto antiguo se puede encontrar. Sólo hay que buscarlo fuera de la pretendida viveza de la escritura del comercio. Circula por la tarde por mis barrios, por los que son o por los que van a desaparecer dentro de poco y el perfume rancio de la tarde de invierno anudará tu esfuerzo y acogotará tu espíritu. Son esos los restos de un pasado que empieza a ser lejano pero que sigue pesando lento, muerto y pobre en los desconchados de las paredes y en las fachadas restauradas.

14.9.08

Vuelvo al sur.Llego al sur

Eso decía la dulce voz aflamencada en la canción de regreso a otro amor improbable y a la infancia eterna. Eso me decía cuando probé conscientemente la receta del sol en su más directa distancia, a la hora del fulgor. Entonces sí que me acongojaba y me cegaba, pero no de pasión. Correr a las tres de la tarde y 34 grados. Otro día eran las ocho y 31 grados, los más las diez y 29 grados.


Vuelvo al norte (?). Recorro la acostumbrada Ronda de Dalt y repito los ritos ceremoniales: el mismo trayecto, la hora habitual y los dispositivos tecnológicos preparados. Vuelvo al sur con la canción y a la hora extrema y a la sensación inaudita. Salgo de la Ronda por una curva de 180 grados. A sus lados conserva la vegetación urbana habitual, restos de serie de arbustos, media zarza, plásticos esparcidos. Allí he visto u oído la vida animal de la ciudad: ratas, gorriones, lagartijas, palomas, cucarachas y me he alegrado cada vez que los he descubierto. Jamás vi una liebre.

17.5.08

Campos de Castilla


Los molinos que son ahora ruedas de viento no muelen más que el aire que pasa a su alrededor en los cuatro parques eólicos que como refugio temático de lo medioambiental y reciclable van inundando los paisajes. Los gigantes son las torres eléctricas que dejan su destello negro en el negro paisaje de Castilla. Las lomas y los campos son rectas y falsos llanos, largas bajadas y largas subidas también en un paisaje que no es tan monótono como se anuncia, es que simplemente la variedad aparece en intervalos mayores. El aire seco aventa la espléndida visibilidad en todo momento.

Así ocurre con los pájaros, que es donde de manera más conspicua aparecen, variedades ornitológicas que hacen olvidar al gorrión y palomas urbanos y que traen otros tiempos de menos uniformidad natural, espacial y también mental.

La perla del sudor se estrella contra el campos de entrenamiento de los mejores atletas y ciclistas, que son los del centro y del norte de España. El Mariano Haro de nuestra infancia, ahora convertido en alcalde perpetuo, mientras juega la partida de la tarde, recuerda sus finales perdidas en los primeros años de la democracia. Mario Haro es el fundador catódico del arte de correr patrio, que se cifra en quedar detrás de los que ganan.

Castilla son pues pieles, huesos, nervios y músculos finos más polvo imperial e hidalguías lejanas.

Ahora yo corro en la mañana de verano y me cruzo con un agricultor, que fuma en su tractor con cabina y aire acondicionado. Gracias a él, Castilla no se despuebla del todo. Gracias a mí, aún se mantiene viva la llama en agosto en los pueblos moribundos. La pretensión de salvarse sólo con el románico aparece como una gesta vana, de segundones que se quedaron en la tierra de los unigénitos.


En un pueblo de Palencia (10-08-04)

10.5.08

De visita,como si dijéramos. Madrid



"De visita, como si dijéramos" es lo que hacía Carmen cuando iba a Roma a visitar a su hermano. Esto es lo que yo que hago cuando me pongo el pantalón corto y salgo entre las calles o entre los parques. Ocurre que a veces las visitas se repiten y entonces lo que hago es recorrer, como me pasó en el Buen Retiro el mes de abril. De eso iba a ir este texto,pero no va a ser así.

Aunque no lo parezca, aquí no hablo de mí, sino de ese que corre y esa fue la intención inicial del Túnel de Cristal. Últimamente ese estaba exhausto y por eso no escribía. Pero he aquí que en dos semanas recibo mensajes de sendos amigos donde sin sutilezas apelaban a mi vaguedad blogera. Mejor dos que cero, ¿no?

¡Ah, el público inmisericorde, la inmensa minoría que celebran los hipócritas y los henchidos de sí mismos!

¡Horreur, mamá, tengo un compromiso para con un público!

Grave responsabilidad que voy a atajar con una firme decisión que pongo por escrito: cada semana de aquí al mes de marzo del año que viene irá cayendo una breva actual o pasada para disfrute de los lectores, enseñanza a los legos, ilustración a los ignorantes, redención a los perdidos y conmiseración a los piadosos.

De visita, como si dijéramos, vaya, la inmensa legión de lectores seguirá siendo abrasada por el temple de mis cogitaciones leves.



Mayo 2008

24.2.08

El camino de los bivalvos. Punta Umbría. Huelva



Ha bajado la marea y deja un rastro de cárdenas conchas que enlosan la arena. Los esqueletos son pisados con celo. La línea corre paralela al agua y a la duna, en móvil simetría. El sol ha caído al fondo, abandonado tras la madera podrida del galeón del siglo XIV o XVI, recién aparecido. No hay nadie, no hay ni luz artificial en treinta minutos rapsódicos. La paralela es dibujada por la distancia entre la plenitud y el acecho oscuro del mar y de la noche. Un negro escalofrío alumbra la mezquindad autobiográfica. El miedo real y el gozo real van sepultando los cadáveres de los moluscos. Pasa el tiempo prestado cuando la luna sale entre tinieblas y se aproxima el final. Ha habido al inicio algún paseante, algunos pescadores acompañados de un perro, todos lejanos. Ha habido una mujer descalza andando en la orilla. Ha sido un día de una gratitud irremediable.


10.10.07

El alma dormida. La Mar Bella. Barcelona.

Es un día del fin de septiembre o del inicio de octubre. Es mediodía y el mar y el horizonte son un inmenso salvapantallas. La amenaza de lluvia es un reclamo para la soledad. El rito del sudor, del sacrificio que será expiado,vuelve como cada año con el cambio del tiempo. Ya hace unos días de esto y no retengo los detalles excepto el frío escenario de los azules, el blanco, el negro y el gris y una clara sensación de extrañeza. He recorrido otras veces espacios metafísicos, lugares de abstracción, caminos y espacios cargados de estética o de historia. En la mayoría la mirada es una simple anécdota anodina. Ese día sentía el sufrimiento de la vida y de Juan y de su muerte. Pensaba en su mujer y en como ella, con su determinación, era capaz no tanto de superar el dolor como de ofrecer serenidad, limpieza, paz. Pensé que ella era la sensación de ese fugaz momento. Pensé que ella nos estaba diciendo qué hacer y cómo hacer fuera del insólito escenario.
Purificación.

Mar Bella – Barcelona (sept-oct 2007)

28.8.07

Índalo cromo


Hay un tramo de tierra suficiente entre Garrucha y Mojácar que tiene a su lado el mar, la mar, bravío/a. A pesar del calor, la humedad, los coches a un lado, las desconcertantes partes urbanizadas (¿qué sentido tiene el césped en la estribación de un desierto?) y lo que es aún peor, las que están en proyecto de serlo, es muy agradable sentir el viento contra el sudor cuando el sol cae y algún pescador retira del mismo tramo su vehículo con suficiente cuidado para no interrumpir la marcha. Indicaré el recorrido para universal conocimiento.
No podemos salir de Puerto Rey, la urbanización pionera en la zona y perteneciente al municipio de Vera, que mostró como los que ya tenían dinero podían acudir a lugares alejados del mundanal ruido, verbigracia Madrid, acceder a una residencia de buena calidad, disponer de un puerto deportivo cercano y disfrutar tanto de los excelentes pescados y mariscos de la zona como de la compañía de sus buenas gentes sin ser molestados en exceso. No es ninguna novedad, porque de hecho sólo necesitaban dinero y buena vista. Creo que no previeron el crecimiento a la izquierda y hacia atrás de la urbanización, según se mira el mar, de todo lo que vino. El llamado modelo de turismo sostenible de Vera (y de los municipios y costas adyacentes) se ha basado en replicar industrialmente Puerto Rey aunque con alguna limitación. Es sabido que la gente con dinero, como la gente pobre, tiene un cierto horror a lo uniforme y así en Puerto Rey conviven diversos tipos de viviendas con calles sin acabar de asfaltar en un continuum de calidad pero algo informal, como casual. Allí florece un campo de tenis, allá un pitch & put y acullá los niños con sus polos desgastaditos montan en bicicleta. Por desgracia, ese sano sprit estético no ha sido recogido por los promotores de Puertas de Orientes, Lomas de Desiertos, Paz Marítima Mediterránea y nombres del estilo que han diseñado un tipo de vivienda unifamiliar asequible que se está multiplicando en tapices de piedra en función del número de hectáreas. Decía que no es recomendable empezar desde Puerto Rey porque tendríamos que correr un rato sobre arena y a veces las zapatillas se llenan y es desagradable, por eso lo mejor es empezar desde el carril para bicicletas que empieza en las Marismas de Vera, que es tanto una urbanización como un enclave natural que hace honor a su nombre para garantizar la parada y avistamiento ornitológico. Diríase que el estilo del kilometrito y medio marismeño es postropical andaluz: palmeras agrupadas en la arena a modo de macizos florales, chiringuitos sin asomo de fritanga y un paseo recogido, seguro y casi exclusivo para los habitantes de las dos urbanizaciones que empieza a coger una leve pátina, como todo lo genuinamente pijo.
Sin solución de continuidad pasamos a Garrucha, de puerto comercial, pesquero y deportivo, que es como tener tres amores a la vez y no estar loco. El paseo está lleno de paseantes e incitantes restaurantes y por lo tanto de obstáculos. Lo acabamos en menos tiempo de lo esperando admirando ora la Virgen del Carmen en mármol avistando la entrada de cualesquiera de las embarcaciones en sus triples usos ora la construcción setentera en primera línea de playa, cual Benidorms o Llorets con límite de edificación vertical. Entonces empieza el tramo de tierra al que aludía y sobre el que trotamos, salvo un pequeño trozo asfaltado, hasta bien entrado Mojácar. Si Vera es el laudable ejemplo de qué hacer cuando realmente sólo se tiene sol, playa y desierto, Mojácar es el ejemplo de lo que se debe hacer cuando se tiene un precioso pueblo blanco andaluz sobre el mar, playa y existe de manera indudable la querencia inglesa por los preciosos pueblos blancos andaluces. A la par que tematizamos el pueblo, esto es, ampliamos el número de calles con geranios, asignamos un referente simbólico, el Indalo y lo llenamos de comercios y bares, dejamos que la costa se ajuste a la necesidad del visitante anglosajón. Como en tantos otros sitios, empezaron con una hostelería low cost basada en lejanas reminiscencias hippies que ha evolucionado hacia formas más mesocráticas: aceras amplias con facilidades para personas con discapacidad y un cierto orden en las alturas y las proporciones que son el negativo de cualquier suburb inglés. Es la estética imperial en su versión mediterránea, esto es con campos de golf a pie de mar. Y por eso cuando corro por allí me vienen a la mente calles insustanciales de Manchester, Birmingham, Doncaster, Coventry o Cork. También de la metrópoli, del Londres de ladrillos rojos y de los paseos cercanos al Támesis. No me acuerdo de estos sitios nunca cuando estoy en el civilizado carril bici de las seguras Marismas y sí me acuerdo cuando tengo el batiente mar abierto a mi izquierda, sudoroso, pasando calor, sintiendo el viento y oliendo el salitre. Es posible que Mojácar haya sido más abierta a la influencia anglosajona - ahora ya no ponen tapas for free en sus bares para escándalo de la población local- mientras que en Vera se haya impuesto el orden hispánico pasado y actual. En ambos casos la piedra que generosamente dispende el desierto está llegando convertida al borde del mar y con ella la fiesta de la civilización veraniega.

Las periferias. Valencia




Antes de que se desvanezca el leve recuerdo, estamos obligados a dar cuenta, sobre todo oral, de aquellos sitios que nos impresionan o que pueden impresionar al desprevenido interlocutor. El río imponente sobre la ciudad imperial, la bahía esplendorosa, el camino entre los árboles majestuosos, el parque central preparado para la práctica corredora, los detalles locales intransferibles, el clima desusado en nuestra hora y latitud. El interlocutor es siempre un aborigen reconvertido en turista ávido de sensaciones rápidas inodoras e incoloras. Nosotros, los emisores de historias, somos en cambio conocedores indómitos del genius loci porque somos capaces de dejarnos caer del caballo paulista en cada itinerario. Es en ese momento cuando somos traspasados por las lanzas que nos abren a la aspiración máxima del hombre moderno: la pretendida huida del aburrimiento a través de la contemplación dinámica y activa de lo otro, mon semblable, mon frère. En esas trascendencias estamos cuando caemos en un hotel estándar de una cadena perfectamente estándar situado entre dos poblaciones de las antiguamente llamadas obreras. Es decir, un establecimiento entre cruces de caminos varios, polígonos industriales, ensoñaciones del pasado agrícola y normalmente ridículas ponderaciones de las bondades del sitio que lo acoge. Todas las grandes ciudades están rodeadas de estas poblacioness, legítimos aspirantes a la mediocridad reinante. Los barrios entran también en la definición. Es allí donde vive realmente la mayoría de la gente, esto es, los que votan y los que apuestan a los juegos de azar. Voilà que los 28 grados matutinos no impidieron la absurda resolución de salir y ver si habría un trecho transitable donde olvidar el dolor de la rodilla derecha o hacerlo más agudo. Y en verdad que allí estaba, más de un kilómetro de tierra con la mitad en sombra y sendas fuentes, una al inicio y otra al final. Un paraíso para el pringado que esto suscribe: un lugar donde correr sin mirar lo que ya conoces, la vida de extrarradio, el paseo del jubilado con perro, la suciedad y la extraordinaria calidez del sol de agosto, que vela por nosotros y nuestros inciertos caminos.

26.6.07

La Pineda del Priorat. Prior pide mar


Entre el repertorio de paisajes clásicos de Cataluña, los pueblos de mar reconvertidos en dormitorios/vomitorios de los turistas europeos y propios que aún no pueden pagarse el Caribe y las agrestes tierras, aún así fértiles y ricas para el más poderoso de los vinos, el corredor no ve más que los paisajes de cierta infancia y de cierta adolescencia. Los veranos compactos han sido tradicionalmente para el muy pobre o para el muy rico (y ahora para el muy profe, pero esa es otra historia). El primero por no tener adonde ir y el segundo por salir afuera, pero a casa propia. El sueño del primero no es otro que hacer lo del segundo, que en definitiva es muy parecido a lo que hace el primero pero sin "ferragosto" y con servicio. Es así como los primeros veranos transcurrieron, en casa, claro, en la ciudad, en el barrio, claro, y como los segundos veranos permitieron completar un cierto mapa de una Cataluña playística y de otra Cataluña rural. El paseo de Pineda de Mar, la escasa pineda de la que quedan tres piezas decorativas sobre algún camping, ha sido también con el sudor la carretera perdida del Priorat: a pesar del desnivel de contaminación general (y paisajística) de ambos lugares, los dos son itinerarios de un ayer que empieza a apuntar lejanías. Las señoras relajadas, el olor a colonia, los olivos centenarios, la cercanía de la piel quemada, la tierra roja, los hinojos y el grillo que no cesa, la suciedad de la arena, el duro pezón, el lecho del río. Ahora lo veo todo mezclado, entre alegre y cansado, pero hay veces que ni lo veo ni lo percibo. No me importa porque sé que es cuestión de estados de ánimo, de pulsiones adheridas.

Priorat-Pineda (abril-julio 2004)

14.4.07

La tierra muelle. Garachico. Tenerife


Fue un raro encuentro la costa amalfitana, Nápoles-Sorrento-Salerno. Aquí tambien hay algún acantilado, un poco menos pronunciado y sin limoneros, pero la sensación es más crepúscular, más abrumadora: el Atlántico, el mar realmente existente y un campo de fútbol que desapareció tras un golpe de mar.Ahora las barreras garantizan el peloteo actual. Cuatro luces amarillas casi alumbran el antiguo poblado de pescadores. Al lado, las olas rompen, el agua se extiende hacia poniente y la gran nube se acerca. Incomparable la fusión de la roca desnuda con la espuma. Estremecimiento en la oscuridad, el abismo se abre, insondable, bla, bla, bla.

Correr junto al mar, con el espíritu invocado de Shelley y Byron, correr ante el impetuoso mar (¡), correr casi tocando el mar es una vera experiencia estética. Correr es una posibilidad de experiencia estética: a pocos metros de donde estés siempre habrá un escenario móvil, con profundidad de caja y atrezzo natural y un presumible hallazgo visual o de otra índole. Allí, en Garachico, después de un tramo como de pista de ceniza, la tierra firme pero blanda. La tierra muelle. No estoy seguro de encontrarla en Cavafis o Walcott o en los poemas sobre el negro mar, la negra lava, la inmensidad del océano, la pequeñez nuestra y el corazón que late. En la tierra muelle sólo reboto yo, descansando de tanto arrebato tópico.

Garachico. Tenerife. 15-03-04

24.3.07

Velar por el Locus Amoenus.Mallorca


El recurso horaciano es el tópico esperable en la primavera mediterránea. No obstante, es fantástico cuando se halla. Hete aquí que entre los olivos, las almendras y los frutales crece la hierba que comen los corderos mallorquines. Ellos balan cuando paso. Sus sonidos apagan algún ladrido lejano. El rumor de la carretera ya se ha amortiguado. Hace dos semanas que no corro y mientras me acomodo hasta sentir únicamente la respiración apoyada en mi ritmo, las nieblas matutinas se disipan. El poeta renacentista suspendía el tiempo entre sus huertos idílicos. Aquí, en el paisaje levemente domesticado, las liebres brincan por doquier. Jamás había visto tantas. ¿Cómo se llama el canto de las liebres? Inconu. Me estremezco y busco con presteza un terreno más sólido. Acabo en un arcén con nuevo asfalto de una carretera inmaculadamente negra.

18.3.07

Belén levantino. Vera. Almería



Sobre la carretera ya conocida, ya trotada, al lado de los coches, que eran reconocidos, porque antes habíamos pasado por allí y vimos sus caras iguales, en el inicio del verano, la vuelta a Vera es siempre crepuscular. Por el sol implacable que obliga a correr tarde, por el poniente que siempre encrespa el mar y sobre todo por la fantástica puesta de sol a mi izquierda. Oigo un ruido entre el matorral como el de una rata. No me sobresalto porque veo sobre la blanca tierra el lomo anaranjado de una liebre, el mismo color que la camiseta que un club portugués, Lebres do Sado.El Levante de Almería era en esa hora como el tapiz, el papel decorado que utilizábamos en la decoración del pesebre infantil: las palmeras, el cielo, las remedadas casas orientales de alguna urbanización lejana. Ahora la carretera tiene rotondas, vías de servicio, canales de aceleración, anchura de calidad y sobre todo lavados de coches en las gasolineras. Los veraneantes vamos a las playas y a los inmensos supermercados. Hasta parece como si corrieras en casa, pero los 30 grados a las nueve de la noche no son exactamente las mismas condiciones. Tampoco lo son las cayentes gotas grandes ni las recuperaciones lentas. En la menos melancólica de las tierras, me veo afectado por una singular arteria. Eso es cuando no llevo zapatillas. Con ellas, la memoria es otra, el cuerpo calienta fácil, claro, la velocidad de crucero se adquiere rápido y la sudoración deviene rítmica.

22.1.07

¿Opiniones contundentes? Jardines del Buen Retiro. Madrid (18-01-07)


Del HOTEL DE LAS LETRAS al Retiro pasando por Cibeles y la Puerta de Alcalá. Paso delante de la calle de Barquillo (¿por qué tendrá ese nombre de galleta en la inmensa meseta?). Sigo los pasos de cualquier turista sin ganas de ver tiendas que es como seguir los pasos de un ciudadano de la capital cualquier tarde de hace no tantos años. Igual que el barrio de mi infancia era la cara de la pobreza, Madrid fue siempre para mí una imagen de postguerra. Invito al amigo Helios Prieto, ilustre psicoanalista, argentino, a darme dar una explicación. También Madrid es la ciudad galdosiana y la triste de Baroja. Madrides de ajo y un punto mugrientos, lejos de las estetizantes T4, las electrizantes nuevas olas y los barrios pujantes y los inmensos pasillos del poder real. Un Madrid olvidado que sigue en las películas de José Luis López Vázquez. Manolo Gómez Bur y toda esa pléyade: no están tan lejano uno de otro. Será por eso que Galdós no aparece en las citas que jalonan los espacios del super in Hotel en el que me alojo. Siempre vistió más Montaigne, Cortázar o Kafka.

El Retiro es un parque de magníficas condiciones para el corredor. Permite trayectos cortos y largos sobre tierra salvífica para las articulaciones, con sombra regular, y en el momento que lo hollé, seguro. Hay alguna cuesta utilizable, muchos corredores y escasas mujeres. Allí termino, ¡oh mis premaratonianas series¡, con un sentido de la disciplina asombroso. Don Benito estaría reportando el fluir melancólico de los jadeantes. No se lo creerán, pero el esfuerzo es un ejercicio de nostalgia, un seguro activador de los resortes de la evocación. Ahora Galdós estaría también dando vueltas, trazando mentalmente capítulos y Episodios, dejándose captar por alguna idea, repasando la estilizada figura de la otra. Un Reyno donde repasar el tremendo siglo XX y el ya cansado siglo XXI. Garbanzos por barritas de fibra.

16.12.06

Atlántico. Gernika. (14-12-06)


0 grados y la escarcha. Frío del copón, dice la recepcionista del Hotel Gernika.Subo hasta la pequeña iglesia de Triñe entre caseríos, ovejas, prados y colinas. Veo la ola de Mundaka.Mientras me sumerjo en el sanctasantórum visual vasco, noto los pies helados, la falta de guantes y las gafas empañadas cuando el viento en contra. Sólo troto pero aún así sufro algo. No he visto cuervos ni gaviotas ni cualesquiera de las aves acompañantes. El camino sobre la carretera es como el de Garachico sobre el atlántico byroniano. Me acuerdo también de Cork y claro está del frío de Ulm y del efecto de la niebla en Graz. Durante un rato, tras pasar la vía del Euskotren, corro sobre el lecho verde y blanco de un camino perpendicular. Siento un cierto resquemor y retrocedo. Tras el esfuerzo, vuelvo a Triñe y noto como un aliento en el cogote.
El sol de mediodía en Bermeo es bárbaro, los azules casi gazmoños.