El título es en francés pero el recorrido es por la Barceloneta y la Mar Bella hacia La Mina. La misma dirección que seguía el Camarón cuando acababa su concierto en el Palau de la Música y los gitanos le esperaban en bar "El Boquerón de Plata", en La Mina, a que les regalara un rato de fiesta y también de arrobamiento.
El mar se agita y los windsurfistas lo aprovechan. El sol pálido mece un leve viento o el pálido viento mece un leve sol. Soy saludado contra la costumbre por varios practicantes. Tengo a José Monje en los oídos y en las piernas. Me dolían el tobillo, la rodilla y los putos isquiotibiales derechos pero desde que he empezado no noto nada. El flamenco y hasta el flamenquito de algunas de las canciones me ensimisma y me encimisma. Intento recordar mientras corro algunos de los versos para incrustarlos aquí, pero mi memoria es como la de un octogenario. Es igual, son los tópicos de siempre: el dolor, la alegría, el amor. Hoy he corrido y me sentía inundado de un bienestar rítmico y canoro.
Ahora me hago preguntas retóricas: ¿Es esto que hago otra de las modalidades del hedonismo? ¿Haremos recuento de recorridos como quien recuerda sus vinos y licores, sus habanos o sus fazañas de dormitorio?
Y ahora la respuesta retórica: cuando era pequeño odiaba el flamenco, el olor del licor y el humo de tabaco de mis mayores de la misma manera que la cutrería que me rodeaba. Todo lo que detestaba antes hoy lo abrazo con pasión. Lo del correr, en cambio, es diferente.
12.12.07
La joie de vivre. La Mina
21.11.07
La foto de ayer. Londres
Al enseñar la foto me dijeron que la nube del fondo era humo y que por lo visto había mantenido en vilo algunas horas la seguridad de la ciudad. Yo no me di cuenta, claro. Desde el Southbank y uno de los puentes del Támesis sólo veía con envidia en la fría mañana a corredores yendo de un lado a otro. A la mañana siguiente, en Hyde Park, una sucesión predecible: las young girls, las ardillas, los patos cruzando en procesión y la fina lluvia. Quería pasar cerca de él y caí ante la estatua de Peter Pan, apenas visible en la bruma.
Hoy no había más rastro del humo que el color del bronce del personaje detrás de la valla. Londres es una ciudad apagada sobre la que brillan más que en ningún otro sitio los emblemas empaquetados de nuestra era y los estandartes de lo que vendrá.
El sol ilumina ahora a lo lejos Richmond Park. Un ciervo confiado parece que berrea. No hay humo. Todo es luminoso. Ya todos corren siempre.
15.11.07
Las puertas: una poética sin ínfulas. Roma

Era una imagen matutina de alguna película neorrealista de pícaros gesticulantes y mujeres de brazos en jarras. La puerta estaba cerca de San Juan de Letrán pero mi memoria ha sido incapaz de retener por más tiempo su nombre (el de la puerta). La recordaba como inicio de una plaza polvorienta y ahora es poco menos que un mojón desabrido en mi memoria. Normalmente retengo 3 o 4 detalles que al menos a mí me parecen significativos del lugar, de la gente, de mi estado de ánimo. Después lo combino en relativo poco rato con lo que me aparezca en el momento de la escritura. Nada hay predeterminado. Mi límite es mi vagancia y mi aún mayor falta de imaginación. A veces creo que descubro algo y después de escrito, veo que es sólo recuerdo. Realmente disfruto, aunque me apena no haber retenido más detalles romanos. En la foto, la Fontana di Trevi después de un ataque reivindicado por activistas presumiblemente de derechas.
22.10.07
Las choquezuelas

Así es como llamaban el bueno de Sancho Panza y los de su siglo a las articulaciones. Esta mañana las padezco subiendo hacia el Park Güell. Noto algo más que una molestia en el tobillo derecho, la rodilla derecha y donde apoyo el pie derecho. Es casi dolor y también inquietud por la previsible inactividad posterior. No las quise sentir mientras hice la carrera de montaña de mi otra parte del barrio. Allí sufrí en las bajadas y disfrutaba padeciendo en las subidas en un día barcelonés de diáfana luz otoñal, fresco y soleado como el tópico literario o la propaganda de productos de salud. Keira Knightley me acompaña hoy en mi calvario. Me vé con su estupido mohín bélfico anunciando un perfume de Chanel en todas las paradas de autobús del recorrido. Estoy seguro que durante unos días todos los usuarios de autobús del mundo habrán visto a la pirata del Caribe tapándose sus verecundas partes e interpretando ese extraño gesto con la boca. He conocido a alguien, desdichada, que además ha osado incorporar ese detalle a su repertorio facial. Los resultados han sido esperables dada su fisionomía. Pero en el caso de la indudablemente guapa chica de nombre irlandés o galés, que no necesita de subterfugios para mostrar sus encantos, no me explico cómo su rictus tiene esa aceptación universal. Qui lo sa? Keira son mis choquezuelas izquierdas y Knightley son mis choquezuelas derechas, las knees globales en estado de descomposición o de regeneración, según se mire, claro.
10.10.07
El alma dormida. La Mar Bella. Barcelona.
Es un día del fin de septiembre o del inicio de octubre. Es mediodía y el mar y el horizonte son un inmenso salvapantallas. La amenaza de lluvia es un reclamo para la soledad. El rito del sudor, del sacrificio que será expiado,vuelve como cada año con el cambio del tiempo. Ya hace unos días de esto y no retengo los detalles excepto el frío escenario de los azules, el blanco, el negro y el gris y una clara sensación de extrañeza. He recorrido otras veces espacios metafísicos, lugares de abstracción, caminos y espacios cargados de estética o de historia. En la mayoría la mirada es una simple anécdota anodina. Ese día sentía el sufrimiento de la vida y de Juan y de su muerte. Pensaba en su mujer y en como ella, con su determinación, era capaz no tanto de superar el dolor como de ofrecer serenidad, limpieza, paz. Pensé que ella era la sensación de ese fugaz momento. Pensé que ella nos estaba diciendo qué hacer y cómo hacer fuera del insólito escenario.
Purificación.
Mar Bella – Barcelona (sept-oct 2007)
28.8.07
Índalo cromo

Hay un tramo de tierra suficiente entre Garrucha y Mojácar que tiene a su lado el mar, la mar, bravío/a. A pesar del calor, la humedad, los coches a un lado, las desconcertantes partes urbanizadas (¿qué sentido tiene el césped en la estribación de un desierto?) y lo que es aún peor, las que están en proyecto de serlo, es muy agradable sentir el viento contra el sudor cuando el sol cae y algún pescador retira del mismo tramo su vehículo con suficiente cuidado para no interrumpir la marcha. Indicaré el recorrido para universal conocimiento.
No podemos salir de Puerto Rey, la urbanización pionera en la zona y perteneciente al municipio de Vera, que mostró como los que ya tenían dinero podían acudir a lugares alejados del mundanal ruido, verbigracia Madrid, acceder a una residencia de buena calidad, disponer de un puerto deportivo cercano y disfrutar tanto de los excelentes pescados y mariscos de la zona como de la compañía de sus buenas gentes sin ser molestados en exceso. No es ninguna novedad, porque de hecho sólo necesitaban dinero y buena vista. Creo que no previeron el crecimiento a la izquierda y hacia atrás de la urbanización, según se mira el mar, de todo lo que vino. El llamado modelo de turismo sostenible de Vera (y de los municipios y costas adyacentes) se ha basado en replicar industrialmente Puerto Rey aunque con alguna limitación. Es sabido que la gente con dinero, como la gente pobre, tiene un cierto horror a lo uniforme y así en Puerto Rey conviven diversos tipos de viviendas con calles sin acabar de asfaltar en un continuum de calidad pero algo informal, como casual. Allí florece un campo de tenis, allá un pitch & put y acullá los niños con sus polos desgastaditos montan en bicicleta. Por desgracia, ese sano sprit estético no ha sido recogido por los promotores de Puertas de Orientes, Lomas de Desiertos, Paz Marítima Mediterránea y nombres del estilo que han diseñado un tipo de vivienda unifamiliar asequible que se está multiplicando en tapices de piedra en función del número de hectáreas. Decía que no es recomendable empezar desde Puerto Rey porque tendríamos que correr un rato sobre arena y a veces las zapatillas se llenan y es desagradable, por eso lo mejor es empezar desde el carril para bicicletas que empieza en las Marismas de Vera, que es tanto una urbanización como un enclave natural que hace honor a su nombre para garantizar la parada y avistamiento ornitológico. Diríase que el estilo del kilometrito y medio marismeño es postropical andaluz: palmeras agrupadas en la arena a modo de macizos florales, chiringuitos sin asomo de fritanga y un paseo recogido, seguro y casi exclusivo para los habitantes de las dos urbanizaciones que empieza a coger una leve pátina, como todo lo genuinamente pijo.
Sin solución de continuidad pasamos a Garrucha, de puerto comercial, pesquero y deportivo, que es como tener tres amores a la vez y no estar loco. El paseo está lleno de paseantes e incitantes restaurantes y por lo tanto de obstáculos. Lo acabamos en menos tiempo de lo esperando admirando ora la Virgen del Carmen en mármol avistando la entrada de cualesquiera de las embarcaciones en sus triples usos ora la construcción setentera en primera línea de playa, cual Benidorms o Llorets con límite de edificación vertical. Entonces empieza el tramo de tierra al que aludía y sobre el que trotamos, salvo un pequeño trozo asfaltado, hasta bien entrado Mojácar. Si Vera es el laudable ejemplo de qué hacer cuando realmente sólo se tiene sol, playa y desierto, Mojácar es el ejemplo de lo que se debe hacer cuando se tiene un precioso pueblo blanco andaluz sobre el mar, playa y existe de manera indudable la querencia inglesa por los preciosos pueblos blancos andaluces. A la par que tematizamos el pueblo, esto es, ampliamos el número de calles con geranios, asignamos un referente simbólico, el Indalo y lo llenamos de comercios y bares, dejamos que la costa se ajuste a la necesidad del visitante anglosajón. Como en tantos otros sitios, empezaron con una hostelería low cost basada en lejanas reminiscencias hippies que ha evolucionado hacia formas más mesocráticas: aceras amplias con facilidades para personas con discapacidad y un cierto orden en las alturas y las proporciones que son el negativo de cualquier suburb inglés. Es la estética imperial en su versión mediterránea, esto es con campos de golf a pie de mar. Y por eso cuando corro por allí me vienen a la mente calles insustanciales de Manchester, Birmingham, Doncaster, Coventry o Cork. También de la metrópoli, del Londres de ladrillos rojos y de los paseos cercanos al Támesis. No me acuerdo de estos sitios nunca cuando estoy en el civilizado carril bici de las seguras Marismas y sí me acuerdo cuando tengo el batiente mar abierto a mi izquierda, sudoroso, pasando calor, sintiendo el viento y oliendo el salitre. Es posible que Mojácar haya sido más abierta a la influencia anglosajona - ahora ya no ponen tapas for free en sus bares para escándalo de la población local- mientras que en Vera se haya impuesto el orden hispánico pasado y actual. En ambos casos la piedra que generosamente dispende el desierto está llegando convertida al borde del mar y con ella la fiesta de la civilización veraniega.
Las periferias. Valencia

Antes de que se desvanezca el leve recuerdo, estamos obligados a dar cuenta, sobre todo oral, de aquellos sitios que nos impresionan o que pueden impresionar al desprevenido interlocutor. El río imponente sobre la ciudad imperial, la bahía esplendorosa, el camino entre los árboles majestuosos, el parque central preparado para la práctica corredora, los detalles locales intransferibles, el clima desusado en nuestra hora y latitud. El interlocutor es siempre un aborigen reconvertido en turista ávido de sensaciones rápidas inodoras e incoloras. Nosotros, los emisores de historias, somos en cambio conocedores indómitos del genius loci porque somos capaces de dejarnos caer del caballo paulista en cada itinerario. Es en ese momento cuando somos traspasados por las lanzas que nos abren a la aspiración máxima del hombre moderno: la pretendida huida del aburrimiento a través de la contemplación dinámica y activa de lo otro, mon semblable, mon frère. En esas trascendencias estamos cuando caemos en un hotel estándar de una cadena perfectamente estándar situado entre dos poblaciones de las antiguamente llamadas obreras. Es decir, un establecimiento entre cruces de caminos varios, polígonos industriales, ensoñaciones del pasado agrícola y normalmente ridículas ponderaciones de las bondades del sitio que lo acoge. Todas las grandes ciudades están rodeadas de estas poblacioness, legítimos aspirantes a la mediocridad reinante. Los barrios entran también en la definición. Es allí donde vive realmente la mayoría de la gente, esto es, los que votan y los que apuestan a los juegos de azar. Voilà que los 28 grados matutinos no impidieron la absurda resolución de salir y ver si habría un trecho transitable donde olvidar el dolor de la rodilla derecha o hacerlo más agudo. Y en verdad que allí estaba, más de un kilómetro de tierra con la mitad en sombra y sendas fuentes, una al inicio y otra al final. Un paraíso para el pringado que esto suscribe: un lugar donde correr sin mirar lo que ya conoces, la vida de extrarradio, el paseo del jubilado con perro, la suciedad y la extraordinaria calidez del sol de agosto, que vela por nosotros y nuestros inciertos caminos.
12.7.07
Capella del Legato o Farnese. Bolonia

Salgo por la mañana a desentumecer o a sentirme vivo, activo y fuerte. No es lo mismo desentumecer que lo otro, recordemos, darlings. Lo importante es que salgo y aunque ni la calidad ni la intensidad son fuertes, he huido de la cama y de la visión matutina del encierro de San Fermín y he enfilado hacia los Giardini Margherita. Después, el trabajo en la tal Capella, escenario de cardenales y papas, artistas manieristas, descendientes de Napoleón y de declaraciones rimbombantes y ahora lugar ceremonioso o ceremonial de la ciudad. El día anterior una colega tomó uno de esos fantásticos aperitivos italianos junto a Umberto Eco en persona y pasamos delante de la residencia actual de Romano Prodi y el lugar de nacimiento de Passolini. Todo muy sobrio y natural. Ya en la conferencia a la que asistía vimos entrar a una ajada señora luciendo una especie de sol en relieve de plata sobre su pecho izquierdo. “Pettoresco” dijo el otro haciendo el juego de palabras mientras reíamos bajo el bigote. Podía haber sido en tiempos un modelo de las odaliscas de los frescos de Prospero Fontana, el pintor de la Capella. Y es cierto, por lo que me dijeron de ella, que se sigue sintiendo viva, activa y fuerte aunque la energía sea otra y la carcasa se caiga y los otros, nosotros, nos riamos. Pienso, mientras me tomo el café con su agüita carbonatada, que creo que ella no va simplemente a desentumecerse por la vida como yo por las mañanas, sino que ha ido siempre a por algo más que la Minerva pintada por el tal Fontana. Esta sí que nos saluda castamente en la foto, un poco aburrida.
Bolonia, 12-07-07
1.7.07
Los jóvenes diletantes

Antes de alcanzar la Carretera o Camí de les Aigües, uno de los templos, sino el máximo, de los corredores de Barcelona: un templo in extenso se entiende, con piso de tierra, agua más o menos regular, alguna sombra y vistas sobre el mar y la famosa ciudad, oía la radio en el coche. No eran las 9 de la mañana y cuatro contertulios elucubraban sobre las formas del amor y la evolución de las relaciones humanas. Se expresaban con voluntad literaria, esto es con alguna que otra palabra poco utilizada, echaban mano de citas, buscaban un cierto "epatamiento" y alguno hasta engolaba la voz al estilo Umbral. Eran jóvenes y se percibía que estaban en el proceso de “vivir de” o por lo menos de “ser considerados como” escritores. Eran inexpertos con los conceptos pero felices con la palabra. Al acabar mi ejercicio ya no estaban allí, eran otros los tertulianos. Yo estaba cansado y contento y me acordaba de ellos como de Chris Isaac, que me había acompañado durante mi trayecto. Un Chris Isaac en sazón, el del “Blue Hotel in the Lonely Highway”, el clip con la moza de la foto y la melifluidad atemperada. Pensé en los futuros escritores y en el cantante y en los sueños cumplidos y después me descubrí calculando mis ridículos registros. Me consolé pensando que había estirado bien y que al llegar a casa las pillaría en el desayuno y que dormiría del tirón. No me acordé de ninguno de ellos al conciliar el sueño pero aquí estoy dando cuenta a la mañana siguiente. La envidia es tiña verde o amarilla.
Camí o Carretera de les Aigües. Barcelona. 1-01-07
26.6.07
La Pineda del Priorat. Prior pide mar

Entre el repertorio de paisajes clásicos de Cataluña, los pueblos de mar reconvertidos en dormitorios/vomitorios de los turistas europeos y propios que aún no pueden pagarse el Caribe y las agrestes tierras, aún así fértiles y ricas para el más poderoso de los vinos, el corredor no ve más que los paisajes de cierta infancia y de cierta adolescencia. Los veranos compactos han sido tradicionalmente para el muy pobre o para el muy rico (y ahora para el muy profe, pero esa es otra historia). El primero por no tener adonde ir y el segundo por salir afuera, pero a casa propia. El sueño del primero no es otro que hacer lo del segundo, que en definitiva es muy parecido a lo que hace el primero pero sin "ferragosto" y con servicio. Es así como los primeros veranos transcurrieron, en casa, claro, en la ciudad, en el barrio, claro, y como los segundos veranos permitieron completar un cierto mapa de una Cataluña playística y de otra Cataluña rural. El paseo de Pineda de Mar, la escasa pineda de la que quedan tres piezas decorativas sobre algún camping, ha sido también con el sudor la carretera perdida del Priorat: a pesar del desnivel de contaminación general (y paisajística) de ambos lugares, los dos son itinerarios de un ayer que empieza a apuntar lejanías. Las señoras relajadas, el olor a colonia, los olivos centenarios, la cercanía de la piel quemada, la tierra roja, los hinojos y el grillo que no cesa, la suciedad de la arena, el duro pezón, el lecho del río. Ahora lo veo todo mezclado, entre alegre y cansado, pero hay veces que ni lo veo ni lo percibo. No me importa porque sé que es cuestión de estados de ánimo, de pulsiones adheridas.
Priorat-Pineda (abril-julio 2004)
