Correr es como ir en un túnel al aire libre, un túnel abierto en el que extrañamente se ven las calles, las personas o el paisaje mientras trotas, jadeas y recuperas. Escribir es meterse en otro túnel, normalmente blanco, en el que no se ve el contorno hasta el final, en el lugar de la luz escrita.
Conocer, ¿conocer?, la piel de las ciudades y de los sitios es como verse de otra manera. Más rápida, más relativa, más superficial, claro.
Sé que después de tanto tiempo ya puedo correr más de una hora. Las rodillas, las choquezuelas de Sancho, responden. Se tiene que recuperar el tono muscular, hacer minutos, volver al sacrificio y a comprimir los horarios. La vida que he añorado tanto y que me espera de nuevo.
También sé que ni la fuerza ni la ilusión son las mismas. Ya conozco los límites y sus caminos. He escrito durante5 años sobre correr y he procurado no hablar de ello sino de lo adyacente, de lo que se va después de cada vez me pongo unas zapatillas.
Maratón es una calle en medio de la llanura de la batalla. Una pequeña y fea nada en medio de una nada media. Dos bares, una iglesia, un estadio y una especie de museo es muy poco para una visita. Normalmente el peregrino busca reliquias, santuarios uotros peregrinos con los que compartir su viaje. Yo buscaba “kanatas”, las sencillas jarritas metálicas para servir el vino, pero ni eso. Nada. Claro que no fui a Maratón soloporquincallería. Mi romería era también un servicio postal atípico. Llevaba mensajes que no sabía a quién dar ni dónde depositar. La intención era dar sentido a mi propia ocurrencia. Pensé que en el “Demokreio Marathonos”, el ayuntamiento de la ciudad, me inspiraría pero lo único que encontré fue a perros haciendo la siesta.A la vuelta del camino vi entonces el muro. El muro de Maratón, el muro de la Maratón, el muro del sufrimiento máximo y del calvario laico y voluntario y allí dejé los mensajes, como hacen los judíos en su muro. No leí losSalmos como ellos pero hice las fotos. Mission accomplished.
Siempre se corre en círculo. Se sale de un punto para llegar al mismo sitio. En el interín, el sudor y el tiempo. Camino. Origen. Camino. Nunca se va a otra parte aunque los trayectos sean diferentes.
No sois corredores. El vacío de vuestras vidas me turba.
Este es el mensaje a dejar en Maratón, el lugar de donde partió Filípides para la historia que ya nos es conocida.
Voy también con otro mensaje, que deja mi amigo Ignasi tomado de Tim Krabbé:
"Meyrueis, Lozère, 26 de junio de 1977. Tiempo caluroso y nublado. Saco las herramientas del coche y monto la bicicleta. Desde las terrazas de los cafés, turistas y lugareños observan. No son corredores. El vacío de esas vidas me turba"
No sé qué me voy a encontrar pero me gustaría pensar que el futuro será otro y que los mensajes tendrán el poder de modificarlo.
Tampoco sé dónde ni cómo voy a depositar los mensajes. Quizás, dobladitoscomolo hacen los judíos en el Muro de las Lamentaciones en la estatua de Filípides si la hubiera;quizás quemados y desperdigados en el mar, donde ocurrió una de las batallas que nos libraron a todos de los persas; quizás leídos o declamados delante de algún promontorio o quizás me los coma en pequeños trocitos a modo de tortura nimia.
Sé que todo esto es una patraña absurda pero también sé que es necesaria.
Vuelvo derrengado la mañana del domingo por las calles que otros consideran extrañas. Algunos viven por debajo de tus pies mientras que otros se asoman al precipio cotidianamente. Debajo de tus pies y asomados al precipicio literalmente. Mientras que unos hablan de no lugares y otros descubren las periferias, recorro paisajes de la infancia entre el azogue del asfalto y las pulsaciones desmembradas, claras señales de indeclinable decadencia física. Sé que el paseo es una forma de ejercitar consciente la soledad y por eso los ojos no se me cierran únicamente por el sol. Veo ejércitos de niños y calles sucias y sin alfastar y una leve sensación de desasosiego que no se despega de mis suelas. No puedo desentenderme, poner un pie fuera y observar. Ya no oígo las voces de las madres, de los borrachos. Las voces han desaparecido y son irrecuperables. Estoy en un páramo edificado, entre construcciones silentes y desconchados eternos. La desidia de los unos y los otros se ha convertido en mera retórica estetizante, sí, pero contraria a la belleza decadente o a los espectáculos de la putrefacción. La desidia se aguanta con alfileres, blancas lanzas de batallas viejas.
CORO :SURINAMÍES EN UN CALL CENTER HABLANDO EN NEERLANDÉS E INGLÉS
Después de luchas saturnales, Eddy ha conseguido la licencia para abrir un bar en una antigua iglesia católica que conserva decentemente sus paredes y algunos símbolos religiosos. Es practicante de sesiones de sado-maso con Tomika, su ama eslava. Es amigo de la infancia de Iacoppus, pastor principal de la ciudad y de V que ha decidido acabar con su periplo fuera de casa. Este tiene una pequeña participación en el futuro negocio e impone a R, su actual pareja, como designerin-arkitect de la remodelación. Tiene más pose que ciencia. Hace muchos años fue amante de Tomika: V no R.X consigue trabajo después de tiempo de zanganear y se encarga de los cálculos de obra para R. Se enamoran. Eddy los descubre pero oculta su pasión (la de ellos) por bien del negocio. V tiene un encuentro furtivo con Tomika que le descubre una nueva realidad. Iacoppus bendice el nuevo negocio porque también generará empleo y ocupación en una zona que empieza a verse afectada por la competencia global. Su sermón suena extraño a los feligreses que inmediatamente sospechan de dobles intenciones. Iacoppus actúa a la defensiva y se abre una campañade acoso y derribo a Eddy, Iacoppus y V. Alguien descubre que con la tapadera de los Call Centres, V es el capo de una red de prostitución internacional. R se separa de V. X se despide de la obra, vencido por sudispepsia evidente. Eddy rompe la baraja y se retira del mundanal ruido. La lectura de una entrevista conTim Krabbé, autor de El Ciclista,le reconcilia con su pasado deportista: “el sufrimiento es sufrimiento, no importa cuánto lo idealicemos o lo describamos románticamente, porque el dolor es dolor y la miseria miseria, pero una vez se supera, las endorfinas nos engañan haciéndonos pensar que hemos pasado un gran momento”. Lo deja todo por un futuro de padecimiento y recompensa, de grandes cimas y pequeños valles. Nadie sabrá de él excepto que rueda y rueda por las llanuras holandesas.
Pasan los años. Es más serio, más pálido y está muy delgado. Invita a los dos amigos de la infancia, a Tommika, a R, a X y les habla de intermediación laboral, de nuevos horizontes y de grandes posibilidades de ganar dinero. En un gesto pomposo, descubre la placa en el frontispicio de su casa. Ha grabado en piedra su nuevo lema: Curriculum Vitae.
Chapeau (pronunciado cha-pe-a-u), el turista INTERESADO en desentrañar el indescifrable sabor local, descubrir los secretos guardados, visitar lugares recónditos y advertir las bellezas no evidentes, se aventura por los caminos de la zona llevado por su intuición intrépida. CONSOLADO a medias con las espléndidas vistas, niega el sentido estéticoa la tamaña cantidad de papeles, latas y restos de envoltorios que salpican la montaña encima del famoso parque.ABSORTO ante el espectáculo de la dejadez entre la irregularidad vegetal de su entorno, no sabe qué pensar ante los árboles raquíticos que se acunan entre piedras de granito. El camino es un lecho grisote con cacas de todos los tamaños que se transforma en vereda triscadora y que le lleva a lo que podría ser una especie de ermita abandonada y que es una ermita en efecto y que no está abandonada tampoco. Más EXTRAÑADO baja el senderito, esquiva la antigua cantera y se encuentra lo que pudieran ser o restos de una excavación ibérica o una antigua pista de petanca.En verdad, no sabe que es una antigua forma de asentamiento humana, la base de una construcción prototípica y documentada en otras zonas de similar composición social e histórica: la base de un kiosko de fritangas, la Churrería del Carmelo, desaparecida por mor de la biología o del progreso, después de más de 40 años de servicio a la comunidad. CONTRARIADO por su incapacidad, Chapeau se adentra en el Delicias, pide una cerveza y observa los platos ubérrimos de patatas en salsas bicolores que devoran con satisfacción los habitantes. Se atreve con ellasy al salir descubre junto enfrente que la línea de autobús que le ha transportado también tiene allí su parada. RECONFORTADO, se sube al primero que pasa en busca de la jungla de asfalto doméstico que es mi ciudad y nota allí cuando ha abandonado las curvas y las vistas en el viaje de vuelta, al ajo salsero incrustado en su estómago, laringe, epiglotis y píloro, impasible el ademán e inasequible al desaliento.
Bajo del Ave y dejo la maleta en el autobús de la Hureña que hace el trayecto Córdoba-Valenzuela como mi padre y mi abuelo hacían diariamente, mozos de cuerda en caminos y años polvorientos.Los pasajeros hablan la lengua de mi niñez, de mis padres y de los amigos que visitábamos en las barracas del Carmelo, en el negro Sabadell yen el salvaje Hospitalet, la lengua extraña y antigua que ya sólo oigo a mi abuela,la lengua materna con la que me dieron mi nombre: Juan José Pedregosa Sánchez. Río cuando lo veo escrito blanco sobre negro en letras capitales al día siguiente durante el paseo al pueblo: la casa de unos, la casa de otros, la iglesia, el antiguo cine, el cementerio, el calvario y los caminos que llevan lejos en el tiempo.
Repaso después las viejas fotos familiares y descubro cercano lo que antes era viejo. Encuentro una foto perdida: mi hermana sonriendo a cámara y mi hermano también riendo mientras que mi padre les mira feliz, los tres en el agua, en el río Burró. La foto es en color con los bordes redondeados y parece fuera de la época del resto, que son en blanco y negro. En el álbum se suceden las celebraciones y las caras sonrientescon la constancia de las ausencias: los que se fueron lejos o los que ya se fueron. Los que se quedaron, mi tío de ademanes tranquilos y mi tía de la voz clara, los suyos y los que vinieron después y que buscaron su futuro fuera son ahora las cuerdas que agarran la maleta en el viaje de vuelta. Vuelvo al Ave y miro la campiña cordobesa, líneas de olivos donde ha caído por la tarde agua de abril.
Voy al chino, la leyenda de la acupuntura chilena. Me pone las agujas, me duermo y tengo un sueño. Me levanto de la camilla y estoy en un piso quinceavo. El edificio vibra, abro la puerta, cojo a mi niño pequeño en brazos y bajo por las escaleras. Un violento temblor me tira pero estoy consciente y agarro fuertemente al pequeño. Llego a la calle cuando todo pasó. No hay luz. Pronto oigo otras voces. Mi niño ya no llora. Hablo después con mi padre y se acuerda de todas las veces que ha pasado por esto y yo le cuento las mías. Mi padre me refiere las de su padre y las de su abuelo. Mi hijo ha crecido pero se ha ido lejos. Mi hijo vuelve y hablamos. Él no se acuerda de nada pero ya sabe todas las historias. Mi hijo siempre quiere que hablemos de ellas. Siempre quiere volver a empezar.
El chino se despide de mí con cortesía oriental. Mis rodillas duelen igual que antes. Miro al cielo y corro y corro y corro.
Me imagino a mi madre interpretando los cantos y los bailes de las zarzuelas en el pueblo blanco, verde y gris de su infancia.El disfraz con cuatro trapos y tres flores bien puestas del coro de niñas y la maestra, doña Ceferina con los brazos cruzados, la alegría de la inocencia en un edén remoto, caluroso y seco.
Que probablemente oyó Josep Pla en sus años madrileños y qué bien que le hubieran venido para entenderles un poco, a los madrileños, cuyo gracejo reconocía bien ajeno y a quienes no acabada de entender, como a Galdós, con quien coincidó esos años, él en su juventud snob, el otro en su senectud de vieja gloria nacional en zapatillas.
Que habla de los años en que hubieran nacido los abuelos de los abuelos de don Benito (que era canario) y en los que Madrid era un hervidero de huríes, manolas y pollospera (pero no de chulapones) que iban al Retiro de francachela, a las máscaras, a verse y ser jóvenes.
Que cantaba el alegre pueblo de Madrid y que podrían haber cantado subidas en la tarima las niñas, debajo de Franquito y el crucifijo y que el alegre pueblo de Madrid tarareaba en la platea, con la música del autor catalán Vives, justo cuando Pla estaba por allí.
Cuando debería haber avanzado por el lunghomare sobre el mar siciliano, en Gela, el espectáculo deprimente del agua y las arenas sucias y de su acceso imposible, del correoso viento y del complejo petroquímico en acción, opto por volver sobre mis pasos y meterme en la ciudad a chafardear, a hacer de flanneur a ritmo levemente rápido. Oigo a lo lejos el sonido inconfundible del megáfono. Il sacco di carbone, 5 euru. Il sacco di carbone, 5 euru. Il sacco di carbone, 5 euru. Sacos de carbón de 25 kilos sobre un Fiat Panda industrial rojo y el megáfono atado con cinta americana. El saco de carbón es una nebulosa que sólo se ve desde el hemisferio sur y quien la describió por primera vez fue Americo Vespucio. Éste fue el primero en darse cuenta de que el continente no era Asia y que era necesario otro mar para llegar a ella. Yo renuncié a mi lunghomare porque no quería horizontes, quería gente tal que el otro vendedor ambulante, de nombre Salvo, el mismo que el de mi héroe Montalbano, que colgaba de su coche un rotulito con la palabra MALOSS, en la imitación de la "s" castellana que hacen los italianos. MALOSS, que es casi un anagrama de LOMAS, como sobre la que se plantaron los restos magníficos de la acrópolis aquellos griegos fundadores de colonias(ahora en la collinetta de Mulino a vento). Resguardada de este, justamente avisto la necrópolis petroquímica en el mismo encuadre, huelo el mismo mar, noto el mismo viento sin que me olvide que lo primero que vi al llegar a la ciudad fuera la foto de abajo.
Una mujer que nació en Japón pero que es belga, Amélie Nothomb, y que por lo visto era muy lista, descubrió cuando tenía tres años que “courir était cette trouvaille fabuleuse qui rendait possibles toutes les evasions”. Ahí estaba yo haciéndole caso el domingo por las alturas barcelonesas, refocilado en mis tendones dizque renovados, oyendo con atención los greatest hits del gran Jacques Brel, otro belga pero no nacido en Japón. Johnny Hollyday, que es la traducción de Mike Rivers al francés, decía que Brel era lo más parecido a un rockero que había conocido: noctámbulo, bebedor, mujeriego, lleno de energía, de alegría y de pesar a partes iguales. Había retenido la imagen del Brel del “Ne me quite pas” y de las copias directas de Serrat o de Raphael (que no estaban tan lejos) pero descubro ahora, subiendo la cuesta, a una especie de rabelaisiano brumoso, herido de infancia, alegre, juguetón, claro. Brel es Bruxelles o Brussel, pero también es Londres, es París, es Berlín, cuando Europa era Europa sin necesidad de que nadie explicara lo que es y todo el mundo sabía lo que era y lo que quería. Vuelvo al camino y pasea con su mujer el amigo del amigo que ya no está. Los dos tenían los pómulos altos, orgullosos y cortantes. Ahora sólo los tiene el amigo del amigo. Cuando yo era pequeño ya me daban miedo, aunque confié siempre en los dos. En todo caso ahora lo que dicen sus pómulos es que si ha de ser salvaje otra vez, lo será. De pequeño lo era. El lunes y el martes estoy en Bruselas. Es la capital oficial de Europa. No busco a Brel, que es como una lejana sombra, sino que simplemente trabajo entre funcionarios, administradores, burócratas del “bien-etre”. No me cruzo tampoco con ningún amigo de ningún amigo ni me acuerdo de que el domingo anterior, durante un pequeño instante, sentí un “deja vu” premonitorio, una especie de epifanía francófona, en clave de montaña del Guinardó y del puente de Muhlberg. Dice la belga-japonesa-francófona que “courir était le verbe des bandits de gran chemin et des héros en general”. Y así me veo como ellos, bajando con el freno de mano puesto, admirando la lontananza, contento de mis pómulos belgas.
Pollolobo. Pollo del Moncayo. Lobo del Moncayo. Pollobobo. Locopollo. Polloboy. Lollipop. Pollolobo. Pollastre del Moncai...
¿Un pájaro, un avión, Superman?
¿Una letanía de supervivencia?
¿Paco Martínez Soria redivivo y su coro de alegres señoritas danzantes, en plan new age?
¿Es esto una pájara, resultado de no haber podido entrar en su museo (del sr. Martínez Soria) de Tarazona?
¿Es esto el resultado de su inmediata mitificación, su ascenso a los altares, al podio supremo de lo inalcanzable?
Todo fue un espejismo.
Recordad lo del flow, ese estado mental que dice que somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos abstraídos en una ocupación, después otra y después otra sin dejar de estar concentrados y sin dejar de estar atentos al entorno.
A San Luis Gonzaga, de niño, le preguntaron qué haría si se muriera inmediatamente y respondió que seguiría jugando. Eso es el flow. Eso fueron cuatro días en el Moncayo.
Eso era correr.
pd: Es un poco en clave, pero que valga para los iniciados
Siempre pensé que el paso del carrerista era equiparable al del paseante a la hora de mirar. Por eso pensaba que lo que decían en los congresos o lo que escribían los buenos iba a resultar en algo equiparable. Me toca pasear. Esto es, caminar sin rumbo fijo, sin necesidad de fijar el ritmo y dejándome llevar por la intuición de las zapatillas, siempre en busca de la tierra. Subo por las calles de la Mulassa hasta el Parc del Guinardó y en 10 minutos de una mañana de domingo no me encuentro a nadie. No es un paisaje metafísico como me ocurrió una vez lejana sino la constatación de la fealdad de la vegetación urbana en tiempos de sequía, raquítica, seca, rodeada de excrementos. El color del otoño es polvoriento como solo lo puede ser en Barcelona. La veo ante mí en el tramo que corona la rotonda donde dormita el conductor del autobús de barri. Me cruzo con hombres que eran de mediana edad cuando yo era joven. Ahora sus iniciales achaques les tienen fuera de los bares. El rincón sevillano, Delicias, El Lagarto de Jaén, Zaragoza, Paco 1, Las Cuatro Efes. Tomó el cortado en la terraza de Los Noveles. Ya no reparo en el nervioso clamor de los pájaros enjaulados mientras desayuno el periódico. Soy saludado cortésmente mientras los parroquianos hablan a voces. Por eso no oigo a los pájaros. Antes los oía en mañanas de esfuerzo. He visto en mi paseo recortada la Carretera de les Aigües sobre la sierra de Collserola. Conozco tan bien la curva al final de la ladera como el resto del camino. Me entran ganas de fumar.
Oscar Wilde decía que odiaba las vistas porque " they were only made for bad painters". Cuando aparecen al despejarse la persistente niebla sobre el cráter volcánico del Poás, nos engullimos la soberbia y sacamos la cámara cual japonés prototípico. Costa Rica es la tierra de los más de 100 volcanes, de la naturaleza ubérrima y accesible, de los nuevos mitos de la sostenibilidad, etc. Costa Rica podría haber sido un sueño de trotes sobre caminos selváticos señalizados y esquivar raíces, serpientes o perezosos en su toma de contacto terrestres como el de la foto.
En San José, el higuerón es una referencia real para losconductores y a la vez un ente inexistente. No es exactamente como el Espíritu Santo (ese gran olvidado en las últimas doctrinas eclesiales) porque a diferencia de este, el árbol higuerón siempre había estado presente y tangible. Simplemente, fue sacado de raíz. Pero sigue vivo para ellos porque lo nombran todavía en el sistema que tienen para orientarse. Así, yo trabajaba a 200 m Norte y 200 m Este del Farolito. Para ir a un sitio se ha de calcular en metros metros, conocer dónde están los puntos cardinales y a su vez retener donde están los lugares que orientan, en su caso el Farolito.
Me imaginaba entonces corriendo en ciudades desprovistas de calles y de números, en calles y plazas siempre iguales, regulares, imposibles de recordar pero en las que resulta imposible perderse. Me imaginaba una ciudad con solares vacíos, abiertos. En este país solo podía soñar en selvas y ciudades inexistentes y en buscar las mejores vistas posibles, aquellas que no perciben los malos pintores. Las descubrí en el televisor, en Matsui y en Rodríguez y las series mundiales, en la mala conciencia de las emociones de prestado.
El padre con gorra que quita el sol de la nuca empuja al niño con bicicleta de cuatro ruedas en el fútil intento de acompañarle o ser acompañado. Casi me doy al sentimentalismo en la vista de sus marcadas mejillas de esforzado. Alrededor del aeropuerto del Prat hay una serie de caminos que fijan una escenografía siglo XXI: el hight tech aeronáutico mezclado con la apelación a lo natural y al ejercicio en compañía. Se diría que los aviones contaminan menos cuando los ves en el mirador como quien ve las aves del delta (del río Llobregat) en su flujo migratorio. Se diría que las alcachofas y las coles del Prat son más verdes, más sanas y más ricas que cualesquiera otra. Es la ilusión del Sunday morning del aborrecido e injustamente infravalorado Lionel Ritchie y es la ilusión de haber utilizado cualquiera en su forma en plural y femenino. Es por eso finalmente que hoy todo parece otra vez muy nuevo, muy verde, muy sano, muy lejano, muy estudio de arquitectura moderno, de luz mediterránea y amable impecabilidad escandinava. El paseo es leve, las articulaciones no se resienten, la compañía es inmejorable. No me canso como tampoco lo habrá hecho el padre con gorra que quita el sol de la nuca. Ya en la tarde, duchado, postrado, sereno, la refulgencia de la sonrisa de niño de Lionel, el tramposo, el traidor del funk, me fija en su dentadura postiza.
PD. Como no se me incrusta correctamente el vídeo, paso el enlace. Hagan abstracción de los trajes, bitte, pero no así de las poses metaleras de la banda.
Laodamas, hijo de Alcínoo, rey de los feacios, en la "Odissea" traducida por Riba, le incitaba a competir.
"..car no hi ha glòria més gran per un senyor, a la vida,
que allò que amb els seus peus i amb els seus braons acompleixi"
Así, con estas citas de hace 29 siglos me iba despachando yo en el verano, con la esperanza de que las vacaciones fueran el inicio de la preparación de una nueva maratón y la consiguiente expiación de pecados anual en el tortuoso camino de gloria otoño-invierno de los populares.
Seis minutos de trote de niña en Cantreff, junto al canal del río de las lánguidas embarcaciones y esforzados gondoleros padres de familia en la tarde galesa, no parecían nada serio. Al final del camino estaba el castillo del primero de los Tudor, en Pembroke, pero la historia continuó lejana e inasible a mis rodillas.
Al día siguiente, en Tenby, compró en la librería el top 1 de ventas, un relato en primera persona de Rosie Swale Pope que con 57 años dio la vuelta al mundo por el hemisferio norte: Europa, Asia, Siberia, Alaska, Estados Unidos, Islandia y vuelta a casa. Me engolfo en la lectura con vagas esperanzas de imitatio y pasó del Ulises astuto y resonante a la dama siempre esperanzada, siempre agradecida, siempre valiente. Ulises, el ingenioso, respondió a Laodamas que "¿per què m'inviteu amb mots que fereixen?" y escurrió el bulto y compitió de la mejor manera que sabía: explicando su historia de venturas y desventuras, y emocionándolos sencillamente como Rosie me emocionaba en las noches de verano.
Con esperanzas de iniciar mi "temporada", me aguardaba el tiempo del norte, caminos conocidos y días tranquilos. El origen del caballero inglés viene de la postración por sus rodillas: Knight-knee. He aquí que yo descubro mis orígenes nobles. El dolor me hace famosear (por las muñecas) en dos intentos que juzgue alentadores pero que resultaron patéticos. No sé qué tanto por ciento vacacional se ha ido al garete. No quiero ni pensarlo. El eubeo león de la izquierda, que acompañó en el comercio (rapiña) mediterráneo a sus propietarios por Siria o por Sicilia o por Túnez y que ahora yace tranquilo delante del jarrón exquisitamente decorado del s.VIII a.c. se ríe claramente de mi desazón. Recapacito: ni somos caballeros ni gentilhombres y por lo tanto el león, que es el símbolo reconocido del poder, claramente me ignora. Dice el otro*: "Toute souffrance est bonne ; toute souffrance est utile ; toute souffrance porte ses fruits ; toute souffrance est un univers". Apuro la copita de vino rosado de botella de tapón de rosca en el ferragosto londinense, destapo la cajita con los seis donuts (1,98 € al cambio) y procedo a esperar.
Y el diestro corre. No huye, busca la distancia para provocar alegre la embestida. Es el único arrebato diferente a los otros, verticales y circulares. El toreo, como el baile, es arte del caminar. Quien no lo entienda así hace remolinos que no mueven el aire, mero gesto barroco aunque el toreo sea una danza de vueltas. El torero traza emocionados pases precisos. La serenidad es el desmayo. No quiere alargar, quiere descender. Está buscando el centro del universo. El toreo es un arte del caminar que no necesita de piernas sino de manos que alivien los caminos. Cuanto más abajo, más ciertas, más cerca nuestro. Hace años lloró, hoy las lágrimas eran de otros.
Los británicos consideran que Obama les robó el protagonismo en la celebración del 65 aniversario del D-DAY cuando fue de ellos el mérito principal. Se sienten desagradecidos por los franceses que no invitaron a su principal mujer, la reina. Es el orgullo herido de la pérfida Albión que ahora asiste además a undrama de profundidades shakesperianas, depalabras fuertes acabadasen -ón: traición, ambición, conspiración.
Durante la noche del aniversario cayó la negra tempestad.La mañana es fresca y clara, genuinamente inglesa. Desconozco la temperatura en Normandía, pero aventuro que fue la misma. Voy por el camino ya conocido, cabe el Támesis,bordeo charcos y me pican las ortigas. Un cartel lo anuncia comoPedestrian Walk pero debería ser llamado como Runners Walkya que no hay caminantes (desaparecidos, timoratos) sino básicamente corredoras. Son ellas las lady Macbeths brownianas y ellas las líderes de las diferentes universidades inglesas y americanas (y seguro que españolas), las verdaderas principales mujeres.
Corren más y con más constancia que los cinco pelagatos con los que me cruzo.Enarbolan camisetas de clubes atléticos como los ciervos lucen su cornamenta y hablan fuerte para las costumbres locales, pero ellas son más y por lo visto más preparadas. Son rubias, altas, y fuertes como lo son las remadoras de los clubes de Putney , que bogan paralelas a mi trayecto.Todohueleo recuerda a la vieja y gloriosa Inglaterra.Hay una de las remeras que es pelirroja,que no es ni más alta ni es más fuerte que los demás,pero se destaca. Tiene algo antiguo en su porte, una sombra meridional quizás. Parece como el resto pero es diferente. Es una no correspondencia exacta. Es una de las suyas pero también es una de las nuestras.
Los patos salen en bandada y cruzan el río hacia Fulham y después hacia Chelsea. Algunos británicos se sienten, pensando en la pelirroja más agradecidos a otro sur que no es el francés y los del sur, por una vez, se sienten doblemente agradecidos a los británicos. Estos, ya olvidados sus dramas, miran hacia delante, lejos, donde los patos.
Llegó el calor y ya estoy en el parque Güell bien pronto. Subo y bajo por el tramo del riachuelo que aparecía y desaparecía según las lluvias y que guardaba los hilillos de agua donde cada verano nacían renacuajos. Renacuajos de Barcelona, con denominación de origen a la sombra de los algarrobos. Aquí los buscábamos y guardábamos después en botes de cristal. Renacuajos negros a los que vi nacer las patas y después despeñarse desde un incierto receptáculo en un patio de luces del Carmelo donde pensaba que vivirían con nosotros en nuestra humilde morada, en bella compañía. Era entonces cuando llegó el profeta, con sus largas piernas y sus botas Puma, que era el detalle que le diferenciaba de todo el resto y aquella liga hubo por fin un paseo triunfal y el 0-5 y yo que lo disfruté jugando junto a los muebles de formica entre radios, humo y olor a licores. Nunca más supe de aquello. Pasamos después del blanco y negro de la televisión a ver mejor los colores pero entonces fue el blanco más persistente para mí y para los míos, pero no por ello, desafortunadamente, más triomfant. Y el niño que admiraba aquellas botas ya no se fijó más en ellas porque miraba las de los otros. Y pasaron los años. Y el joven hombre que olvidó aquellas botas y al que le dieron vergüenza los cariños de su presente, esa es la verdad pusilánime, dejó finalmente de interesarse por los unos y por los otros porque tenía la secreta esperanza que todo aquello pasaría y no volvería más y le dejarían en paz. Y aquello siempre vuelve, ya está inserto en el ADN de las mayorías. Y otra vez a las andadas inversas. Pero así como es imposible no sustraerse, es posible no sentir. Claro que disfruto del momento y tengo alegría, empatía y correspondencia, como diríamos, colectiva, pero hay algo que no fluye, que no acaba de salir de dentro. Y eso sale o no sale y ni sale para estos ni mucho menos para los otros.
Un día apunté que solo soy quien dejé de ser y al otro descubro en JB BALLANTINE que el historiador Hosbawn dejó dicho que “no soy capaz de recrear la persona que fui”. Parecen antitéticas pero ambas frases tienen razón. Soy el de siempre, más triste, viejo, cansado y pensativo pero los recuerdos están ahí, traicioneros y reveladores. En el riachuelo del parque ya no se estanca el agua. Ahora está canalizada, controlada en su desagüe. El riachuelo está seco. No quedan ni renacuajos ni algarrobos. Esta mañana la ciudad bulle esta como ocurrió hace tantos años aunque no me acuerde. Los niños todos y los míos van vestidos con sus colores y cantan y cantan. En el colegio se oye el himno por los altavoces derretidos.