5.2.10

Epifanías bruselenses


Una mujer que nació en Japón pero que es belga, Amélie Nothomb, y que por lo visto era muy lista, descubrió cuando tenía tres años que “courir était cette trouvaille fabuleuse qui rendait possibles toutes les evasions”. Ahí estaba yo haciéndole caso el domingo por las alturas barcelonesas, refocilado en mis tendones dizque renovados, oyendo con atención los greatest hits del gran Jacques Brel, otro belga pero no nacido en Japón. Johnny Hollyday, que es la traducción de Mike Rivers al francés, decía que Brel era lo más parecido a un rockero que había conocido: noctámbulo, bebedor, mujeriego, lleno de energía, de alegría y de pesar a partes iguales. Había retenido la imagen del Brel del “Ne me quite pas” y de las copias directas de Serrat o de Raphael (que no estaban tan lejos) pero descubro ahora, subiendo la cuesta, a una especie de rabelaisiano brumoso, herido de infancia, alegre, juguetón, claro. Brel es Bruxelles o Brussel, pero también es Londres, es París, es Berlín, cuando Europa era Europa sin necesidad de que nadie explicara lo que es y todo el mundo sabía lo que era y lo que quería.
Vuelvo al camino y pasea con su mujer el amigo del amigo que ya no está. Los dos tenían los pómulos altos, orgullosos y cortantes. Ahora sólo los tiene el amigo del amigo. Cuando yo era pequeño ya me daban miedo, aunque confié siempre en los dos. En todo caso ahora lo que dicen sus pómulos es que si ha de ser salvaje otra vez, lo será. De pequeño lo era.
El lunes y el martes estoy en Bruselas. Es la capital oficial de Europa. No busco a Brel, que es como una lejana sombra, sino que simplemente trabajo entre funcionarios, administradores, burócratas del “bien-etre”. No me cruzo tampoco con ningún amigo de ningún amigo ni me acuerdo de que el domingo anterior, durante un pequeño instante, sentí un “deja vu” premonitorio, una especie de epifanía francófona, en clave de montaña del Guinardó y del puente de Muhlberg. Dice la belga-japonesa-francófona que “courir était le verbe des bandits de gran chemin et des héros en general”. Y así me veo como ellos, bajando con el freno de mano puesto, admirando la lontananza, contento de mis pómulos belgas.

16.12.09

Qué mal, bien.

Pollolobo. Pollo del Moncayo. Lobo del Moncayo. Pollobobo. Locopollo. Polloboy. Lollipop. Pollolobo. Pollastre del Moncai...

¿Un pájaro, un avión, Superman?

¿Una letanía de supervivencia?

¿Paco Martínez Soria redivivo y su coro de alegres señoritas danzantes, en plan new age?

¿Es esto una pájara, resultado de no haber podido entrar en su museo (del sr. Martínez Soria) de Tarazona?

¿Es esto el resultado de su inmediata mitificación, su ascenso a los altares, al podio supremo de lo inalcanzable?

Todo fue un espejismo.

Recordad lo del flow, ese estado mental que dice que somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos abstraídos en una ocupación, después otra y después otra sin dejar de estar concentrados y sin dejar de estar atentos al entorno.

A San Luis Gonzaga, de niño, le preguntaron qué haría si se muriera inmediatamente y respondió que seguiría jugando. Eso es el flow. Eso fueron cuatro días en el Moncayo.

Eso era correr.


pd: Es un poco en clave, pero que valga para los iniciados

29.11.09

El corte de la Carretera de les Aigües


Siempre pensé que el paso del carrerista era equiparable al del paseante a la hora de mirar. Por eso pensaba que lo que decían en los congresos o lo que escribían los buenos iba a resultar en algo equiparable. Me toca pasear. Esto es, caminar sin rumbo fijo, sin necesidad de fijar el ritmo y dejándome llevar por la intuición de las zapatillas, siempre en busca de la tierra. Subo por las calles de la Mulassa hasta el Parc del Guinardó y en 10 minutos de una mañana de domingo no me encuentro a nadie. No es un paisaje metafísico como me ocurrió una vez lejana sino la constatación de la fealdad de la vegetación urbana en tiempos de sequía, raquítica, seca, rodeada de excrementos. El color del otoño es polvoriento como solo lo puede ser en Barcelona. La veo ante mí en el tramo que corona la rotonda donde dormita el conductor del autobús de barri. Me cruzo con hombres que eran de mediana edad cuando yo era joven. Ahora sus iniciales achaques les tienen fuera de los bares. El rincón sevillano, Delicias, El Lagarto de Jaén, Zaragoza, Paco 1, Las Cuatro Efes. Tomó el cortado en la terraza de Los Noveles. Ya no reparo en el nervioso clamor de los pájaros enjaulados mientras desayuno el periódico. Soy saludado cortésmente mientras los parroquianos hablan a voces. Por eso no oigo a los pájaros. Antes los oía en mañanas de esfuerzo. He visto en mi paseo recortada la Carretera de les Aigües sobre la sierra de Collserola. Conozco tan bien la curva al final de la ladera como el resto del camino. Me entran ganas de fumar.

28.10.09

El higuerón. San José de Costa Rica



Oscar Wilde decía que odiaba las vistas porque " they were only made for bad painters". Cuando aparecen al despejarse la persistente niebla sobre el cráter volcánico del Poás, nos engullimos la soberbia y sacamos la cámara cual japonés prototípico. Costa Rica es la tierra de los más de 100 volcanes, de la naturaleza ubérrima y accesible, de los nuevos mitos de la sostenibilidad, etc. Costa Rica podría haber sido un sueño de trotes sobre caminos selváticos señalizados y esquivar raíces, serpientes o perezosos en su toma de contacto terrestres como el de la foto.

En San José, el higuerón es una referencia real para los conductores y a la vez un ente inexistente. No es exactamente como el Espíritu Santo (ese gran olvidado en las últimas doctrinas eclesiales) porque a diferencia de este, el árbol higuerón siempre había estado presente y tangible. Simplemente, fue sacado de raíz. Pero sigue vivo para ellos porque lo nombran todavía en el sistema que tienen para orientarse. Así, yo trabajaba a 200 m Norte y 200 m Este del Farolito. Para ir a un sitio se ha de calcular en metros metros, conocer dónde están los puntos cardinales y a su vez retener donde están los lugares que orientan, en su caso el Farolito.
Me imaginaba entonces corriendo en ciudades desprovistas de calles y de números, en calles y plazas siempre iguales, regulares, imposibles de recordar pero en las que resulta imposible perderse. Me imaginaba una ciudad con solares vacíos, abiertos. En este país solo podía soñar en selvas y ciudades inexistentes y en buscar las mejores vistas posibles, aquellas que no perciben los malos pintores. Las descubrí en el televisor, en Matsui y en Rodríguez y las series mundiales, en la mala conciencia de las emociones de prestado.

11.10.09

Taxing.El Prat de Llobregat


El padre con gorra que quita el sol de la nuca empuja al niño con bicicleta de cuatro ruedas en el fútil intento de acompañarle o ser acompañado. Casi me doy al sentimentalismo en la vista de sus marcadas mejillas de esforzado. Alrededor del aeropuerto del Prat hay una serie de caminos que fijan una escenografía siglo XXI: el hight tech aeronáutico mezclado con la apelación a lo natural y al ejercicio en compañía. Se diría que los aviones contaminan menos cuando los ves en el mirador como quien ve las aves del delta (del río Llobregat) en su flujo migratorio. Se diría que las alcachofas y las coles del Prat son más verdes, más sanas y más ricas que cualesquiera otra. Es la ilusión del Sunday morning del aborrecido e injustamente infravalorado Lionel Ritchie y es la ilusión de haber utilizado cualquiera en su forma en plural y femenino. Es por eso finalmente que hoy todo parece otra vez muy nuevo, muy verde, muy sano, muy lejano, muy estudio de arquitectura moderno, de luz mediterránea y amable impecabilidad escandinava. El paseo es leve, las articulaciones no se resienten, la compañía es inmejorable. No me canso como tampoco lo habrá hecho el padre con gorra que quita el sol de la nuca. Ya en la tarde, duchado, postrado, sereno, la refulgencia de la sonrisa de niño de Lionel, el tramposo, el traidor del funk, me fija en su dentadura postiza.
PD. Como no se me incrusta correctamente el vídeo, paso el enlace. Hagan abstracción de los trajes, bitte, pero no así de las poses metaleras de la banda.

5.10.09

La reina de Gales

Laodamas, hijo de Alcínoo, rey de los feacios, en la "Odissea" traducida por Riba, le incitaba a competir.

"..car no hi ha glòria més gran per un senyor, a la vida,

que allò que amb els seus peus i amb els seus braons acompleixi"

Así, con estas citas de hace 29 siglos me iba despachando yo en el verano, con la esperanza de que las vacaciones fueran el inicio de la preparación de una nueva maratón y la consiguiente expiación de pecados anual en el tortuoso camino de gloria otoño-invierno de los populares.
Seis minutos de trote de niña en Cantreff, junto al canal del río de las lánguidas embarcaciones y esforzados gondoleros padres de familia en la tarde galesa, no parecían nada serio. Al final del camino estaba el castillo del primero de los Tudor, en Pembroke, pero la historia continuó lejana e inasible a mis rodillas.


Al día siguiente, en Tenby, compró en la librería el top 1 de ventas, un relato en primera persona de Rosie Swale Pope que con 57 años dio la vuelta al mundo por el hemisferio norte: Europa, Asia, Siberia, Alaska, Estados Unidos, Islandia y vuelta a casa. Me engolfo en la lectura con vagas esperanzas de imitatio y pasó del Ulises astuto y resonante a la dama siempre esperanzada, siempre agradecida, siempre valiente. Ulises, el ingenioso, respondió a Laodamas que "¿per què m'inviteu amb mots que fereixen?" y escurrió el bulto y compitió de la mejor manera que sabía: explicando su historia de venturas y desventuras, y emocionándolos sencillamente como Rosie me emocionaba en las noches de verano.

7.8.09

La malheur. Londres


Con esperanzas de iniciar mi "temporada", me aguardaba el tiempo del norte, caminos conocidos y días tranquilos. El origen del caballero inglés viene de la postración por sus rodillas: Knight-knee. He aquí que yo descubro mis orígenes nobles. El dolor me hace famosear (por las muñecas) en dos intentos que juzgue alentadores pero que resultaron patéticos. No sé qué tanto por ciento vacacional se ha ido al garete. No quiero ni pensarlo. El eubeo león de la izquierda, que acompañó en el comercio (rapiña) mediterráneo a sus propietarios por Siria o por Sicilia o por Túnez y que ahora yace tranquilo delante del jarrón exquisitamente decorado del s.VIII a.c. se ríe claramente de mi desazón. Recapacito: ni somos caballeros ni gentilhombres y por lo tanto el león, que es el símbolo reconocido del poder, claramente me ignora. Dice el otro*: "Toute souffrance est bonne ; toute souffrance est utile ; toute souffrance porte ses fruits ; toute souffrance est un univers". Apuro la copita de vino rosado de botella de tapón de rosca en el ferragosto londinense, destapo la cajita con los seis donuts (1,98 € al cambio) y procedo a esperar.

*Michel Houellebecq, Rester vivant. Méthode


2.7.09

La mano baja lenta. La Monumental. Barcelona


Y el diestro corre. No huye, busca la distancia para provocar alegre la embestida. Es el único arrebato diferente a los otros, verticales y circulares. El toreo, como el baile, es arte del caminar. Quien no lo entienda así hace remolinos que no mueven el aire, mero gesto barroco aunque el toreo sea una danza de vueltas. El torero traza emocionados pases precisos. La serenidad es el desmayo. No quiere alargar, quiere descender. Está buscando el centro del universo. El toreo es un arte del caminar que no necesita de piernas sino de manos que alivien los caminos. Cuanto más abajo, más ciertas, más cerca nuestro. Hace años lloró, hoy las lágrimas eran de otros.

15.6.09

El nuevo siglo victoriano. Londres

To Nina

Los británicos consideran que Obama les robó el protagonismo en la celebración del 65 aniversario del D-DAY cuando fue de ellos el mérito principal. Se sienten desagradecidos por los franceses que no invitaron a su principal mujer, la reina. Es el orgullo herido de la pérfida Albión que ahora asiste además a un drama de profundidades shakesperianas, de palabras fuertes acabadas en -ón: traición, ambición, conspiración.

Durante la noche del aniversario cayó la negra tempestad. La mañana es fresca y clara, genuinamente inglesa. Desconozco la temperatura en Normandía, pero aventuro que fue la misma. Voy por el camino ya conocido, cabe el Támesis, bordeo charcos y me pican las ortigas. Un cartel lo anuncia como Pedestrian Walk pero debería ser llamado como Runners Walk ya que no hay caminantes (desaparecidos, timoratos) sino básicamente corredoras. Son ellas las lady Macbeths brownianas y ellas las líderes de las diferentes universidades inglesas y americanas (y seguro que españolas), las verdaderas principales mujeres.

Corren más y con más constancia que los cinco pelagatos con los que me cruzo. Enarbolan camisetas de clubes atléticos como los ciervos lucen su cornamenta y hablan fuerte para las costumbres locales, pero ellas son más y por lo visto más preparadas. Son rubias, altas, y fuertes como lo son las remadoras de los clubes de Putney , que bogan paralelas a mi trayecto. Todo huele o recuerda a la vieja y gloriosa Inglaterra. Hay una de las remeras que es pelirroja, que no es ni más alta ni es más fuerte que los demás, pero se destaca. Tiene algo antiguo en su porte, una sombra meridional quizás. Parece como el resto pero es diferente. Es una no correspondencia exacta. Es una de las suyas pero también es una de las nuestras.

Los patos salen en bandada y cruzan el río hacia Fulham y después hacia Chelsea. Algunos británicos se sienten, pensando en la pelirroja más agradecidos a otro sur que no es el francés y los del sur, por una vez, se sienten doblemente agradecidos a los británicos. Estos, ya olvidados sus dramas, miran hacia delante, lejos, donde los patos.

6.6.09

Trifásico mañanero.



Llegó el calor y ya estoy en el parque Güell bien pronto. Subo y bajo por el tramo del riachuelo que aparecía y desaparecía según las lluvias y que guardaba los hilillos de agua donde cada verano nacían renacuajos. Renacuajos de Barcelona, con denominación de origen a la sombra de los algarrobos. Aquí los buscábamos y guardábamos después en botes de cristal. Renacuajos negros a los que vi nacer las patas y después despeñarse desde un incierto receptáculo en un patio de luces del Carmelo donde pensaba que vivirían con nosotros en nuestra humilde morada, en bella compañía. Era entonces cuando llegó el profeta, con sus largas piernas y sus botas Puma, que era el detalle que le diferenciaba de todo el resto y aquella liga hubo por fin un paseo triunfal y el 0-5 y yo que lo disfruté jugando junto a los muebles de formica entre radios, humo y olor a licores. Nunca más supe de aquello. Pasamos después del blanco y negro de la televisión a ver mejor los colores pero entonces fue el blanco más persistente para mí y para los míos, pero no por ello, desafortunadamente, más triomfant. Y el niño que admiraba aquellas botas ya no se fijó más en ellas porque miraba las de los otros. Y pasaron los años. Y el joven hombre que olvidó aquellas botas y al que le dieron vergüenza los cariños de su presente, esa es la verdad pusilánime, dejó finalmente de interesarse por los unos y por los otros porque tenía la secreta esperanza que todo aquello pasaría y no volvería más y le dejarían en paz. Y aquello siempre vuelve, ya está inserto en el ADN de las mayorías. Y otra vez a las andadas inversas. Pero así como es imposible no sustraerse, es posible no sentir. Claro que disfruto del momento y tengo alegría, empatía y correspondencia, como diríamos, colectiva, pero hay algo que no fluye, que no acaba de salir de dentro. Y eso sale o no sale y ni sale para estos ni mucho menos para los otros.
Un día apunté que solo soy quien dejé de ser y al otro descubro en JB BALLANTINE que el historiador Hosbawn dejó dicho que “no soy capaz de recrear la persona que fui”. Parecen antitéticas pero ambas frases tienen razón. Soy el de siempre, más triste, viejo, cansado y pensativo pero los recuerdos están ahí, traicioneros y reveladores. En el riachuelo del parque ya no se estanca el agua. Ahora está canalizada, controlada en su desagüe. El riachuelo está seco. No quedan ni renacuajos ni algarrobos. Esta mañana la ciudad bulle esta como ocurrió hace tantos años aunque no me acuerde. Los niños todos y los míos van vestidos con sus colores y cantan y cantan. En el colegio se oye el himno por los altavoces derretidos.